14 de septiembre, fecha cívica cochabambina en homenaje a la sublevación de 1810, que al final formaría parte de la cadena de rebeliones locales que fundaron las repúblicas americanas.
Hoy no discutiremos si hay o no hay la República de Bolivia. El nombre fue ya reemplazado por el Estado pluri-multi y como 12 adjetivos y apenas quedan rasgos de lo que debe ser una república democrática. Pero ese tema ya lo tocamos. Hoy es fiesta local, y cabe una pequeña reflexión.
En Los Tiempos se difunden los resultados de una encuesta a los llajtamasis. Algunas preguntas indagan sobre símbolos que hacen a la identidad local. Y reluce Cochabamba la nueva por detrás o por encima del aparente culto a las tradiciones vallunas. Y no es una Cochabamba mejor, lamentablemente.
Veamos…
La mayoría considera que el Cristo de la Concordia es el monumento que mejor simboliza a la ciudad y que el plato típico más representativo es el pique macho. Estoy seguro de que si se preguntara por la música y la danza, la mayoría expresaría su adhesión a los caporales y la saya.
Hasta hace apenas 10 años las respuestas habrían sido diferentes, y creo que mejores.

Por ejemplo, la mayoría hubiera mencionado el monumento a las Heroínas de la Coronilla, que es sin duda una obra escultórica y arquitectónica de mejor calidad que el Cristo carioca que se levanta en la colina de San Pedro. El de la Coronilla es un monumento más complejo en su concepción, mucho más expresivo, con mejor tecnología escultórica y, por si fuera poco, representando un hecho crucial de la historia local.
En cuestión de platos, hace diez años hubiera triunfado el picante, sea de lengua, de gallina, de conejo o el mixto, en lugar del apurado pique, sabroso pero simplón.
Y en música, nadie hubiera dudado del reinado de la cueca, con su exaltación de la coquetería y los requiebros seductores de hembra y macho.
Los nuevos símbolos, sin embargo, reflejan con claridad la Cochabamba de hoy.
En la preferencia por el gigante Cristo que se levanta en San Pedro se refleja la contemporánea predilección por lo visible y espectacular, y la ignorancia de la historia. En el pique, el ritmo apurado de la vida actual, que no puede esperar el lento cocimiento de los guisos que funden los sabores del ají, la quilquiña, la cebolla y las arvejas. Y en los caporales, el deseo que tienen los cochalas de ser todos capataces, aunque sea sin trabajadores que ordenar, siempre que no sean visibles los patrones y se muestre mucha pinta.
Septiembre 15, 2009 a las 12:04 am |
Estoy de acuerdo con el monumento. Me gusta muchísimo más el de la Coronilla. Me parece uno de los mejores de la ciudad. De tanto ver la estatua de Simon Bolivar, de proporciones totalmente fuera de la realidad, llegué a pensar que se trataba de un hombre corpulento, de 2 metros. Bolivar era pequeñito y con serios problemas de salud. El Cristo siempre me pareció una copia de mala calidad y veo que la gente ya se acostumbró.
Septiembre 29, 2009 a las 6:47 am |
Lo Simbólico en en el País. y pricinpalmente en Cochabamba, ha perdido todo significado: Una danza de Caporales, con unos tacos en los zapatos que Susana Gimenez hubiera envidiado en sus tiempos. Los Tobas más parecen pieles rojas modernizados. En la diablada, (que no se por qué había un oso, ahora hay cientos: polares y hasta pandas) y los mismos diablos parecen arbolitos de navidad yankees, no solo por los focos, peor aun, una discoteca no tiene tanta tecnología para crear tanto vapor (hielo seco) como lo hace un solo diablo en una entrada.
De la comida ni hablar, mis sobrinas prefieren un hamburguesa a un llokàllachupe.
No me saquen más el indio, que este pueblo tenía algo, y hoy ya no lo tiene