El Ministro de Finanzas de la India, Chidambaram Palaniappan, es un experimentado político de 68 años. Estudió en la India, obtuvo una maestría en Harvard y ha sido diputado y ministro en varias carteras. Esto no le ha impedido plantear un audaz y ambicioso experimento de política pública: el remplazo de subsidios a servicios y productos, por subsidios directos y en efectivo. Y logró convencer al Primer Ministro y a su gabinete de iniciar ese programa este primero de enero.
Como en muchos países, en la India se subsidian diversos servicios y bienes considerados fundamentales para combatir la pobreza, desde alimentos, fertilizantes y educación hasta energía y transporte. De hecho, para financiar esos subsidios la India destina cerca de 60 mil millones de dólares cada año. Y, como en muchos países, si no en todos, una parte importante de ese dinero no llega nunca a beneficiar a los mas pobres. La burocracia se engulle una porción considerable por gastos de administración, supervisión y evaluación, que ni siquiera impiden, y a veces promueven, el despilfarro y la corrupción, que se llevan otra tajada importante de los subsidios. Y lo que finalmente llega a los servicios y bienes, no siempre beneficia a los mas pobres. Los bienes subsidiados suelen venderse a precios muy bajos cuando la gente necesita el dinero para otras urgencias, de manera que ese producto termina en mesas mas acomodadas, como sucede en nuestro caso con algunos componentes del subsidio de lactancia. Así se explica que, a pesar de los enormes y persistentes esfuerzos realizados a través de los subsidios, la pobreza siga siendo uno de los problemas de mas difícil manejo.
Hastiado de esas dificultades Chidambaram ha planteado su audaz propuesta. Eliminar poco a poco los subsidios a bienes y servicios, y entregar directamente a la gente el dinero que el Estado ahorre de ese modo. Esto implica, por supuesto, dejar en manos de
la propia gente la decisión de emplear ese dinero para financiar la compra de los mismos bienes y servicios que dejarán de ser subsidiados, o darle otra finalidad. Obviamente, esto ha despertado la habitual crítica paternalista que sostiene que los pobres usarán el dinero para emborracharse o lo malgastarán por su ignorancia, como si las decisiones de los burócratas fueran siempre sabias o mas acertadas que las de las madres o las abuelas.
La experiencia de muchos países que han experimentado con transferencias directas en efectivo demuestra que los recursos son mejor asignados, y por tanto tienen mayor efectividad, cuando las decisiones las toman los interesados.
Los gastos de administración de este esquema son muy inferiores a los del sistema de subsidios, y la probabilidad de corrupción es mucho más baja. Los beneficiarios de subsidios, previamente calificados, deben abrir cuentas en los bancos para recibir el dinero a través de ellas. Esto plantea desafíos pero también crea oportunidades. Los servicios bancarios tienen que ampliar su cobertura pero a cambio se acercarán a millones de nuevos clientes. En cuanto a la calificación de los beneficiarios, se seguirá utilizando el sistema anterior aunque a menor costo, pues no será necesario vigilar adquisiciones, almacenamiento, transporte y distribución de productos. El dinero, hoy, viaja por internet, radio y celulares, no se pudre ni se pierde.
Se espera que este esquema llegue a beneficiar a 90 millones de personas en toda la India, pero ha comenzado gradualmente en 20 distritos de 7 estados, seleccionados de acuerdo a la magnitud de la pobreza y a la existencia de las condiciones adecuadas para iniciar esta conversión. Hacia mediados de año se espera cubrir mas de 50 distritos en 16 estados y para el 2014 llegar a remplazar con este sistema incluso los subsidios a la alimentación, los fertilizantes y la gasolina.
En el debate político se reproducen en la India los conocidos argumentos de que el gobierno quiere comprar con dinero los votos de los pobres o que este esquema desalentará el trabajo y promoverá el ocio. Muchos se muestras escépticos y creen que el sistema fracasará o que el país no está preparado para algo tan avanzado.
Por supuesto, es imposible asegurar que este notable experimento político tenga todo el éxito esperado, pero ante la certeza de que el anterior no funcionaba, la apuesta de Chidambaram es razonable.
Desde la experiencia boliviana me atrevo a augurar éxito a la India. La ampliación del bonosol y sus 15 años de azarosa vida ofrecen evidencias abundantes de que la gente utiliza el dinero con más prudencia y eficiencia que la burocracia, y que el gasto realizado por las familias tiene un gran efecto multiplicador, pues se destina a una mayor variedad de bienes, producidos por una mayor diversidad de productores con una mayor cobertura territorial. No solamente ganarán los beneficiarios del subsidio, sino todo el país. Un ejemplo a seguir.

January 4, 2013 at 9:02 am |
Un ariculo interesante. Sólo una apreciaión relacionada con el último parágrafo. Cuando haces referencia al bonosol y la experiencia en Bolivia que demuestra “que la gente utiliza el dinero con más prudencia y eficiencia…” y concluyes acertadamente que “no solamente ganarán los beneficiarios del subsidio, sino todo el país. Un ejemplo a seguir”; sin embargo, tengo la impresión que te deja sabor a poco la experiencia de Bolivia a pesar de los resultados que también se tiene con el uso y destino que se hacen con las remesas y otras experiencias locales. Sin embargo, en Bolivia se insiste mucho en el tema de la subvención sobre todo desde la política pública que aplica el gobierno actualmente y que está generando una distorsión en el funcionamiento de la economía. Sería intesante enfatiza este aspecto en el artículo. Saludos.
January 4, 2013 at 3:19 pm |
Tienes razón. La pena es que es un artículo de periódico y es necesario mantenerse dentro de ciertos límites. Las referencias a Bolivia son mínimas pero, creo, suficientes para invitar al lector a realizar comparaciones. Tu comentario muestra que eso funcionó. Muchas gracias.
January 5, 2013 at 1:22 am |
En Bolivia está subsidiado el pan y la gasolina. Cómo le haríamos en el caso del pan, entregando bonos a los productores para que adquieran los insumos a los precios reales del mercado?. Y en el caso de la gasolina, será que los transportistas le darían el uso adecuado a esos bonos para la compra del combustible al precio real?. Qué mecanismos funcionarían?.
January 5, 2013 at 2:27 am |
Ls subsidios siempre se justifican por el supuesto beneficio que llevan al consumidor. Incluso cuando se entregan a los productores, la intención es que el beneficiario final sea el consumidor. Por tanto, el remplazo que se plantea en la India, y que respaldo en mi artículo, solamente puede darse si el dinero va al consumidor final.
Así, si al eliminarse el subsidio al producto aumenta el precio, el consumidor queda protegido y puede usar el subsidio para pagar ese nuevo precio. Pero queda también en libertad para compensar el aumento consumiendo otra cosa de su libre elección.
El problema está en seleccionar al beneficiario. En Bolivia se supone que todos somos beneficiarios del subsidio a la gasolina, por lo que el remplazo debería distribuirse entre todos. Por supuesto, saldrían ganando los que menos gasolina consumen, que son los pobres, con lo que el remplazo tendría efecto de equidad.
May 11, 2013 at 9:53 am |
She reigned over that these forms of tickets violate all
driver’s right to assist you to due process.