El debate sobre las propuestas electorales y la generación de empleos está impregnado de malos entendidos y prejuicios. En la predominante cultura rentista boliviana se promueve la idea de que generar empleo es una responsabilidad gubernamental y esto hace que mucha gente confunda empleo con “pega”, que es una remuneración regular aunque no se trabaje ni produzca nada. Es importante pedir más claridad en el tema y sobre todo en lo que concierne a lo que puede y debe hacer el Estado, es decir, a su rol en este campo.
El candidato que más énfasis ha hecho en el empleo es Samuel Doria Medina, con planteamientos convergentes en tres áreas: la reforma educativa con bachilleratos técnicos, la entrega de fondos a emprendedores, y la promoción de productos orgánicos y su correspondiente búsqueda de mercados. El Estado en su perspectiva sería un promotor de la actividad económica, pero dejando a los ciudadanos las actividades de inversión, producción y venta.
El riesgo de este tipo de políticas es que depende mucho de los técnicos o burócratas, que nunca tienen suficiente conocimiento de los mercados y no asumen los riesgos del fracaso. El riesgo para la gente disminuye cuando el Estado proporciona créditos o subsidios, pero esto crea nuevos problemas, como los de hacer dependientes o poco competitivos a los productores y limitar la capacidad fiscal.
Los riesgos son mayores en propuestas como la de BSD, que plantea restablecer un sistema de proteccionismo con prohibiciones a la importación, o de MUSPA que sugiere obligar al uso de productos nacionales. En estos casos, como también en los de Gente y Pulso, se muestra una confianza mucho mayor en los técnicos y burócratas que en los millones de agentes económicos que se relacionan a través de millones de transacciones de compra y venta de bienes y servicios. Esto es ingenuo y puede ser peligroso para una economía, como lo han demostrado muchas experiencias que creyeron que la econometría y la decisión de gabinete podían sustituir a los productores y consumidores que actúan buscando su bienestar.
La propuesta del MAS lleva este riesgo al extremo con su fe en el rol central que debería tener el Estado en la economía, ya demostrada con las estatizaciones realizadas en los últimos años. Algunas de ellas absolutamente contrarias a la oferta de empleo, como las que consistieron en la compra de instalaciones ya existentes en las que se invirtieron muchos millones de dólares –como en la compra de refinerías a Petrobras- sin haber generado un solo empleo ni haber ampliado la capacidad productiva. Afortunadamente para el país y la economía, en la oferta del MAS tiene ahora un lugar de relevancia la distribución directa a la población de una parte de las rentas naturales. Este era un tema que el MAS criticaba por su origen neoliberal, pero que ahora forma parte central de su propuesta. Eso es bueno porque por lo menos una parte del dinero del gas se emplea de acuerdo a las decisiones, necesidades y aspiraciones de las personas, y no de una cúpula política o sindical que cree que lo sabe todo.
Curiosamente, esta política acerca al MAS y su principal adversario, que es Convergencia Nacional/PPB, que propone ampliar la cobertura de la distribución a todos los ciudadanos, utilizando incluso las reservas monetarias fiscales. Es interesante, en el caso de esta coalición, la idea de ligar el empleo a las oportunidades económicas, pues eso les permite reforzar su idea de colocar al Estado como el generador institucional de la seguridad jurídica y el gestor del acceso a los mercados mundiales.
Sintetizando esta breve relación, que es algo injusta con todos por las limitaciones de espacio, debo decir que en mi criterio no son viables ni creíbles las propuestas que expresan más confianza en la burocracia que en la ciudadanía. Pueden ser tentadoras para nosotros, ya que sugieren que ellos resolverán nuestros problemas, pero no tienen el aval de la teoría ni de la experiencia histórica. Es justamente a partir de la experiencia y la teoría que creo más en las propuestas que muestran respeto por la capacidad y la racionalidad de las personas cuando se les permite actuar a partir de sus propios objetivos e intereses individuales.
En mi criterio, si lo único realmente eficaz y continuo en los últimos años ha sido el fortalecimiento de la economía familiar con transferencias directas de recursos, lo lógico sería avanzar hacia un acuerdo nacional que garantice, de una vez por todas, que los bolivianos disfrutaremos de la propiedad de los recursos naturales sin la intermediación del Estado, el paternalismo de la burocracia o la manipulación prebendal de los políticos. La ampliación del mercado interno y la multiplicación de oportunidades sería tan grande en ese caso, que el pleno empleo sería un resultado obvio. El problema es que una política de este tipo eliminaría la mamadera, y son muchos los que viven prendidos a ella o quieren alcanzarla.




