Sinceridad constituyente

El Presidente Evo Morales ha festejado la entrega de un texto constitucional aprobado a mano alzada por el MAS. Ya sabemos que la propuesta es excluyente y que ha sido aprobada luego de numerosos vicios procedimentales y transgresiones legales. Y también que enfrenta el repudio de una gran parte de los ciudadanos. De nada sirven las 400 promesas que contiene si, como los dedos que cruzan los niños por detrás cuando no son sinceros, incluye la posibilidad de cambiar por mayoría todas las promesas (art. 411).

Al gobierno le costará convencer a los bolivianos de que es una propuesta viable y de que encarna sus aspiraciones de cambio y de progreso, o incluso las de “vivir bien”.Para empezar, tendría que mostrar las dos manos y no cruzar los dedos a escondidas. Y practicar lo que predica. Puede hacer de inmediato las dos cosas, sin esperar una nueva constitución y ni siquiera una ley. Bastaría respetar la concertación para la reforma y poner en práctica inmediata los aspectos que requieren solo voluntad política.

Veamos algunos ejemplos.  La propuesta del MAS dice que “la censura (en una interpelación) implicará la destitución de la Ministra o del Ministro” (art. 159,16). Hace apenas unos días y cuando este borrador ya era conocido, se censuró al Ministro Rada. Lejos de destituirlo,  el Presidente rechazó su renuncia y lo ratificó. Y así lo hizo en todas las censuras anteriores a sus ministros. La propuesta no obliga al Ministro censurado a renunciar, sino al Presidente a destituirlo. Si es consecuente, el Presidente debería aplicarla y destituir a los ministros que ya fueron censurados.

En otro apartado, la propuesta del MAS establece que para el desempeño de funciones públicas es requisito “conocer al menos dos idiomas oficiales del país”. La lista es suficientemente amplia como para esperar que, cuando menos el Presidente y su gabinete sepan al menos dos. Y si no, lo más lógico sería despedir a los que necesitan aprender otro. Se dirá que esta propuesta no está vigente. Pero se trata, justamente, de demostrar que el festejo oficialista es sincero y que, incluso sin la obligación, las autoridades del MAS cumplirán lo que le plantean al país. De aprobarse esa norma (art. 235), sería obligatoria para todos los servidores públicos, desde el Presidente hasta los barrenderos de las alcaldías, incluyendo los técnicos de las empresas, las embajadoras y los secretarios, las maestras, médicas y enfermeros, diputados, senadores, magistrados y todo el que aspire a una pega pública. Nada impide al Presidente exigir de inmediato su cumplimiento a todo el círculo superior del Poder Ejecutivo, empezando por él mismo. Y lo justo sería acudir a un evaluador externo que califique el conocimiento idiomático, pues no basta repetir un slogan o recitar una canción para acreditar dominio de lenguaje. Como se dice, promesa es deuda y sinceridad obliga.

Algo similar puede darse con los suplentes. El proyecto del MAS los elimina del Congreso o Asamblea Legislativa Plurinacional. Para ser coherentes deberían renunciar sus suplentes o, cuando menos, dejar de recurrir a los ajenos cuando necesitan crear quórum luego de impedir la asistencia de los titulares de la oposición.

Es cierto que la propuesta del MAS no incluye la sinceridad entre los veinte valores que propone como sustento del Estado (su art. 8), pero sí propone en ese mismo artículo “el principio ético moral del ama llulla” (no seas mentiroso).La ley no les prohíbe lo que ya empezaron a festejar.   El autor pertenece a www.columnistas.net

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