Rentismo, limosnas y privilegios

La Razón ha prestado merecida atención al tema del rentismo, contribuyendo decisivamente a la divulgación y al debate de un tema muy importante en el país. En un reciente editorial (10-2-2008) resaltó algo muy notable: el repudio de la gente al rentismo,  comprendido como la entrega de bienes o dinero sin mayor justificativo, y el correspondiente respaldo a la idea de que “se debe trabajar en vez de recibir bonos de gracia”. 

El dato es indudablemente relevante y merece ser tomado en cuenta en el debate que La Razón promueve y que varios profesionales hemos alentado con la propuesta de distribuir las rentas del gas entre todos los bolivianos mayores de 18 años. Lo que ese dato está haciendo es recoger la opinión explícita de las personas, pero ella puede o no coincidir con su pensamiento o con su comportamiento. Como dice el refrán, “del dicho al hecho, hay mucho trecho”.

Las encuestas de opinión también muestran que la gente respalda la Constitución, apoya el cobro de impuestos y está de acuerdo en que se respeten los semáforos. Y bien sabemos lo que ocurre en la realidad: sólo una reducida minoría paga impuestos, las leyes no se cumplen y hasta los gobernantes las consideran un estorbo, y los semáforos son un adorno peligroso para quien crea que regulan el tráfico vehicular.Algo parecido sucede cuando se habla de rentismo. El repudio verbal de la gente no le impide participar de bloqueos de calles y caminos, de huelgas de todo tipo y de actos de presión para exigir del Estado obras, subsidios, aumentos de salarios o pensiones, servicios públicos o cualquier tipo de gasto que le permita acceder a una parte del presupuesto fiscal, especialmente porque proviene de la explotación de recursos naturales que se sabe que son de todos. Ese repudio al rentismo tampoco impide hacer los trámites y las colas para cobrar el Bonosol, el Juancito Pinto o la Renta Dignidad, ni comprar gas o diesel subsidiados, aún cuando es bien conocido que una gran parte de los bolivianos, especialmente los más pobres, no se benefician con esos subsidios.

Esta disociación entre opinión y comportamiento muestra que estamos frente a un problema de múltiples dimensiones.

En la opinión pública se confunde rentismo con limosna o como un acceso inmerecido a recursos. Al mismo tiempo hay la convicción de que los recursos naturales pertenecen a todos y deben beneficiar a todos. Y, finalmente, la experiencia dice que el Estado, a quien se le ha otorgado la responsabilidad de garantizar que eso ocurra, solamente atiende a quienes tienen influencias o a quienes son capaces de presionarlo. Tres ideas que se contraponen y crean esa confusión.

La propuesta de distribuir las rentas de los recursos naturales a toda la población apunta a remover las condiciones que han hecho de las rentas naturales más una fuente de problemas que de soluciones. La idea de la distribución directa se basa en el principio legal y político que compartimos los bolivianos de que los recursos naturales pertenecen a todos y a todos debe beneficiar su explotación. Pero recoge también propia experiencia histórica, que no es sólo boliviana, de que ese principio no se cumple y que esas riquezas no llegan a todos sino que más bien son despilfarradas o acaban beneficiando a unos pocos. De acuerdo al principio legal y político de la propiedad común que tenemos los bolivianos sobre nuestros recursos no corresponde calificar como limosna lo que en realidad es un derecho. Por la misma razón, tampoco corresponde argumentar que recibir una parte de la renta del gas es inmerecido. Lo verdaderamente inmerecido es que ese dinero se acumule en las arcas fiscales y sea puesto a disposición de burócratas y políticos que lo gastan y malgastan como si ellos hubieran hecho algún merecimiento para disponer de recursos que son de todos. Y si son de todos, la única manera de que sus beneficios lleguen efectivamente a todos es mediante la distribución directa y en efectivo. No como limosna o graciosa concesión de los políticos de turno, sino como la realización del derecho que tienen los ciudadanos sobre los recursos que les pertenecen.

El proverbio chino que cita La Razón, de que “es mejor recibir la caña de pescar que el pescado para comer”, es cierto y pertinente. Pero han pasado muchos siglos desde que lo formularon y hoy resulta que incluso mejor que la caña es recibir dinero y poder decidir su compra para pescar, o para unirse a otros y comprar una red o un bote, o para decidir que en vez de pescar es preferible criar gallinas, tejer alfombras o reparar celulares.  

Cuando planteamos la propuesta de la distribución nos referimos a ella como “capital semilla” en la certeza de que la mayor parte de los bolivianos utilizaría su parte de la renta como una palanca para mejorar sus condiciones de producción y el consumo de sus familias que son, qué duda cabe, el más preciado capital del país, como bien lo saben los padres, las madres y los abuelos de este país. Cabe señalar, por último, que la distribución incondicional de las rentas naturales a todos los ciudadanos, como un derecho, impediría la creación arbitraria de bonos, subsidios, condonaciones y otros privilegios que se otorgan bajo presión o con fines político y que, con justa razón, son repudiados. Por lo menos por quienes no los disfrutan.

Tags:

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s


%d bloggers like this: