Oportunidad para la concertación

En un programa de TV emitido durante el fin de semana pasado, Julio Cesar Caballero me preguntó lo que significaba en la actual coyuntura la decisión de la Corte Nacional Electoral de suspender los referendos autonómicos.

Como la mayor parte de la prensa, la pregunta concentraba su atención sobre los referendos autonómicos, cuando al mismo tiempo la CNE dispuso la suspensión del referendo constitucional en una resolución que no solamente hacía referencia a la inviabilidad logística de cumplir los deseos del gobierno sino, además, la ilegalidad de lo hecho por el MAS en el Congreso la semana pasada. Exeni, como Presidente de la Corte, ha rechazado la actuación gubernamental del jueves 28 y se ha colocado al frente de un gobierno que no vaciló en ejercer la fuerza en plena Plaza Murillo.

Con justa razón, la oposición se ha mostrado desconfiada con la CNE y su presidente, y cree que estamos frente a una maniobra para demorar las autonomías. Pero al margen de las intenciones que pudiera tener Exeni, lo evidente es que ha puesto al gobierno nuevamente donde estaba: frente a la pared. Y sería un grave error de la oposición no aprovechar las circunstancias creadas de esta manera para impulsar un proceso de concertación política que recupere algo de la institucionalidad perdida. Si de aquí se pudiera lograr, cuando menos, un Tribunal Constitucional en serio, ya se habría logrado mucho.

Existe, en consecuencia un pequeño espacio para la concertación, una pequeña oportunidad para la negociación política.

Por supuesto, no será fácil llevarla a cabo por la gran desconfianza que se ha creado entre todos los actores políticos. Pero no será imposible si se la lleva a cabo siguiendo alguna metodología probada para la concertación o, cuando menos, buscando un acuerdo procedmiental de inicio, antes siquiera de discutir la agenda. En el actual grado de desconfianza, lo aconsejable sería buscar, primero que nada, un acuerdo sobre mediador, facilitador o, incluso, arbitro, que bien puede ser una persona en la que ambas partes confien, o una institucion con suficiente poder como para que las partes la respeten, o teman.

Si el resultado de este proceso es tener un arbitro propio y permanente, es decir, un Tribunal Constitucional fuerte e independiente, habremos ganado mucho en la preservacion de la democracia.

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