SANTA CRUZ: ALGO MÁS QUE AUTONOMÍA

Cristina y Javier interrumpieron vacaciones: “un voto es un voto”, dijeron al volver a Santa Cruz. Unos días después, al empezar el conteo de papeletas en el poblado de El Bajío, Laura, jurado electoral, anuló un voto porque habían escrito algo dentro de la casilla dispuesta para el Sí. “No puede escribirse, sólo marcar”, argumentó. Le dijeron que la palabra sí mostraba sin dudas la voluntad del votante. “No podemos arriesgarnos, tiene que ser legal” dijo, y anularon el voto. Al terminar el recuento, esa mesa tenía 4 votos nulos, 158 por el sí y 40 por el no. Así empezó la fiesta.

Los ciudadanos actuaron en el referéndum con responsabilidad ya habitual. El sistema electoral fue eficiente, delegando responsabilidades desde la Corte hacia los ciudadanos.

En los pueblitos la gente conversaba en las calles, tranquila pero atenta para defender las urnas. Se temía que los militantes del oficialismo atacaran como en San Julián y en el barrio Plan 3000 de la ciudad, donde la violencia logró trascendencia gracias al sensacionalismo. Lo común fue el voto masivo de respaldo a la autonomía.

El gobierno se mostró confuso. Sus vacilaciones desorientaron a sus militantes que no sabían si debían combatir el referéndum, votar al no, abstenerse o denunciar. El Presidente buscó el apoyo del ALBA y de la OEA, insinuó intervención militar, calificó al referéndum como una encuesta irrelevante, movilizó a sus bases en El Alto y el Chapare y, al final, denunció el ausentismo y valoró la resistencia de sus militantes. A un alto funcionario de su gobierno, hoy preso, le decomisaron urnas y papeletas robadas y bombas molotov.

Si a los líderes de Santa Cruz se les debe reconocer el mérito de la victoria que lograron, a las autoridades del gobierno hay que culparlas de la enorme derrota que sufrieron.

La demanda autonómica se construyó en varias décadas, y acumuló fuerzas mediante la denuncia, la experimentación y la propuesta, hasta lograr este arrollador respaldo. Pero el 4 de mayo la gente votó también para rechazar al gobierno del Presidente Morales, repudiando sus maneras de actuar, que prefieren la presión callejera a procedimientos institucionales, y su proyecto, que afirma el estatismo y la etnicidad comunitaria.

Este proyecto recién se conoció dos años después de la elección de Morales, por lo que no puede decirse que la gente lo apoyara entonces. El 2005 Evo era la promesa de una política diferente, más sensible a los pobres y a los excluidos, más abierta al diálogo, menos palaciega y ajena a la corrupción. Pero en su gobierno pensaron que el 54% logrado era como un cheque en blanco que podía llenarse de cualquier manera y empezaron a improvisar con estatizaciones y discursos etnicistas, proponiendo desde una revolución cultural para el mundo hasta el reparto de tierras en las selvas. Y se olvidaron de la gestión. En estos 28 meses cayeron las inversiones, se estancó la producción, volvió la inflación y crecieron la pobreza y la desigualdad.

Lo cierto es que el 85% de los cruceños dijo sí a la autonomía y no al gobierno. En las próximas semanas se realizarán cuatro eventos parecidos. Aumentará la tensión si el gobierno del Presidente Morales se niega a admitir que el escenario político ha cambiado y continúa protegiendo a sus ministros más reacios al diálogo. En realidad, sabremos si el diálogo es posible cuando cambie el gabinete. Mientras tanto, la confrontación seguirá siendo el riesgo más elevado, aunque el país mayoritario claramente prefiere la paz.

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