A referendum!

Cuando escribo estas líneas, 20 de octubre de 2008, el Congreso está reunido para dar forma a un acuerdo político de transacción. Con una Plaza Murillo invadida por militantes del gobierno, que disfrazan su presencia amenazante con bailes y cantos festivos, el Vicepresidente adelantó los principios de un acuerdo político según el cual se convocaría a referendum para sancionar un nuevo texto constitucional modificado en mucho más que algunas comas y puntos. Se dice que este acuerdo habría sido viabilizado por la renuncia del Presidente a un año de su mandato actual -desconociendo el referendum que lo ratificó para que lo cumpliera íntegramente- y a presentarse a reelección después de que concluya su segundo mandato -que no ha empezado y que de todos modos dependerá de las elecciones que se realicen en diciembre del 2009-.

Esto quiere decir que el voto popular en Bolivia no vale nada.

En efecto, de nada sirvió el 67% del referéndum que ratificó el mandato del presidente Morales, y de nada servirá la votación de diciembre del 2009, pues ya se da por descontada la victoria del mismo presidente Morales.

Y quiere decir también que la ley no vale nada. La Asamblea Constituyente, ilegalmente incorporada como opción de reforma el 2005, rompió de tal manera sus propias normas y las que regulaban su funcionamiento, que ha quedado como redactora de un borrador descartable. Ahora resulta que Comisiones ad hoc creadas por acuerdo de bancadas puede cambiar lo que ella aprobó, en medio de violencia y presiones, en las sesiones de La Glorieta (noviembre 2007) y Oruro (febrero 2008). Por si esto no quedara suficientemente claro, en este momento los políticos repiten la fórmula de “meterle nomás” para que los legisladores “arreglen” luego la parte legal.

Los ideólogos del “poder constituyente” argumentan que todo esto se basa en la idea de que en democracia el pueblo es el soberano, y que, por tanto, no hay razón ni ley que estén por encima de la presión callejera. Esa que esta noche ejercen los pocos miles de militantes que rodean el Congreso, y que condenan al silencio a los millones de ciudadanos que fueron e irán a las urnas creyendo que su condición ciudadana tiene algún valor.

¿Qué sucederá cuando cambien los sentimientos y las pasiones? ¿A qué ley o a qué votos recurrirán los gobernantes para justificar su permanencia en el futuro?

Uno no puede dejar de recordar que Victor Paz consiguió legalizar su reelección en  1964, y que en aquella oportunidad obtuvo más del 85% de los votos… pero menos de tres meses después era derrocado por su propio vicepresidente, sin que pudieran protegerlo la ley que él mismo arregló, los milicianos que lo defendieron con armas, ni los militantes de su partido que se habían beneficiado de tierras, cupos, pegas y otros privilegios distribuidos en sus largos años de mandato.

Por supuesto, la historia no se repite. Pero algo deberíamos aprender de ella y de la sentencia de Franz Tamayo, que en algún momento afirmó que “la única servidumbre que no mancha, es la servidumbre a la ley”. Lo dijo Tamayo que ha sido de los pocos, en este país, que sabía lo que decía…

One Response to “A referendum!”

  1. Anonimo Says:

    Opinion a contrapelo… si hasta los Obispos estan felices! Y dicen que la marcha ha sido un hito democratico, y el acuerdo tambien… Y el Secretario de las Naciones Unidas felicita a todos por violar la ley… como se te ocurre contradecir a todo el mundo? Como se te ocurre recordar que hay principios? En que país estas?

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