Archive for May, 2009

Padrón biométrico

May 29, 2009

Para el registro biométrico debería tomarse en cuenta la experiencia de los aeropuertos internacionales y la de los bancos.

Tomemos el caso del Aeropuerto Internacional de Miami. El año 2008 ese aeropuerto manejó alrededor de 42 millones de pasajeros. De ellos, unos 8 millones tuvieron que pasar por inspección federal de identidad en la que se les tomaron registro de dos huellas digitales, se les tomó una fotografía y se verificaron los datos de su pasaporte con los existentes en la base de datos. Las huellas y la foto quedaron registradas de manera que el pasaporte, poco a poco, va quedando solamente como un archivo de sellos.

En todo caso, lo importante de esta referencia es que solamente ese aeropuerto aumentó su padrón biométrico de viajeros en 8 millones en el año, y además de la cola, que siempre es molesta, el tiempo que les toma a los oficiales a cargo de realizar ese registro no pasa de 3 minutos por pasajero. Las demoras se producen cuando se comparan las huellas y los datos del pasaporte con lo que ya se tenía registrado, pero el nuevo registro es realmente muy rápido.
Dependiendo las horas del día, el número de ventanillas disponibles para ese trabajo varía entre 10 y 30.

Otros que tienen mucha experiencia en el manejo de registros de identidad y algunos ya utilizan registro biométrico, son los bancos. En Bolivia está uno de los bancos pioneros: utiliza la huella digital en lugar de la firma, incluso para retiro de dinero en cajeros automáticos.

Para un empadronamiento biométrico orientado a garantizar elecciones limpias en Bolivia, la clave estaría en la voluntad de los ciudadanos para ir al registro, hacer la cola y tomarse el tiempo necesario para registrarse. Para algunos ciudadanos, especialmente para los que viven dispersos en las zonas rurales más remotas, el problema es muy serio. ¿Cuál es el incentivo que tienen para ir a registrarse? ¿Votar? ¿Cuánto está cada ciudadano dispuesto a gastar de su propio bolsillo para votar? Este es el problema de fondo.

Puede obligarse a la gente, amenazarla con castigos severos, poner multas… pero con eso solamente se agravarían los problemas. Para uno que vive en el centro de la ciudad el registro será cuestión de tiempo, media hora cuando más si vive cerca de una notaría o centro de registro. Para uno que vive lejos, será cuestión de un viaje largo, tal vez de dos días, con el tiempo perdido de trabajo que implica y los costos de alojamiento y alimentación.
El empadronador puede ir a buscar a los ciudadanos, pero también esto tiene un costo en tiempo y dinero…

¿Cómo resolver el problema?
Desde hace tiempo promuevo la idea de distribuir las rentas del gas entre todos los ciudadanos, algo así como una Renta Dignidad para todos. No entraré ahora a la exposición de los argumentos que respaldan la propuesta, sino a una de sus derivaciones. Si se pagara esa renta, todos tendrían un incentivo muy concreto para acercarse a una ventanilla y someterse a un registro biométrico. La primera vez que uno cobra, se crea el registro, y cada vez que lo hace luego, se actualiza el registro.

No se lo ha hecho hasta ahora. ¿Por qué no empezar? Podría darse inicio a este programa con los depósitos que tienen en el Banco Central los gobiernos central, departamentales y locales, que son fruto del superávit de los años pasados. Es dinero de la gente y no se lo gastó… ¿por qué no dárselo a la gente?

A lo que le toque a cada uno, no importa, como un derecho y, al momento de ejercerlo, cuando el ciudadano esté en la ventanilla con su carnet, libreta militar, pasaporte o lo que fuera… una foto a su pupila, otra a su oreja, escan de sus huellas digitales… y listo: padrón confiable y bolivianos con dinero.

Y si ahora usted me viene con la pregunta de qué harían los gobiernos sin su plata, le diría simplemente: que se pongan serios y cobren impuestos o le preguntaría cuán preocupado está de que aparezcan nuevos Karachipampas o contratos al estilo Catler-Uniservice o de que se sigan comprando empresas para abultar la demagogia “nacionalizadora” que no crea empleos pero distribuye pegas.

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EL LINCHAMIENTO

May 20, 2009

marcialEl mismo día en que flagelaron a Marcial Fabricano, castigado por la justicia comunitaria por pensar con cabeza propia, fue linchado Jesús Ríos Orellana, un joven de 20 años de edad al que acusaron de ser ladrón de bicicletas. Lo capturaron cuando escapaba de los acusadores y se golpeó la cabeza al caer de una pared. Lo amarraron con alambres a un poste y lo golpearon hasta acabar con su vida.
Desde el 2005 se han registrado unos 90 linchamientos en Bolivia. Nadie lleva la cuenta. A un joven lo encontraron durmiendo la fiesta encima de un auto en Punata y lo arrastraron por las calles hasta matarlo, pensando que era un ladrón cuando no hizo más que venir del pueblo vecino para festejar con sus amigos. A tres policías los detuvieron tratando de aprovecharse de los delincuentes en Epizana y los mataron a golpes. Muchos han muerto rociados de kerosene o gasolina, quemados lentamente. Algunos pocos se salvaron, como en Achacachi, cuando la policía logró rescatar a varios sospechosos de robo que eran torturados y quemados en medio del pequeño estadio de fútbol del pueblo. Un señor con senilidad prematura fue linchado en La Paz cuando lo encontraron cargando una licuadora que no era suya. A unos por una garrafa en la ciudad y a otros por una oveja en el campo.ladronbicis
Los muertos se acumulan y las comunidades agraden a los policías y fiscales que pretendan investigar esos crímenes. Matan por impotencia y rabia, y caen presos del silencio y el miedo. Basta un dedo acusador y se aplica la sentencia.
Uno tras otro, inocentes y culpables mueren linchados, ensombreciendo las conciencias de barrios y comunidades enteras por toda Bolivia.
Si el acusado escapa, es culpable, pues de otro modo no escaparía. Si se asusta y tiene miedo, es culpable, porque los inocentes no tienen razón para temer. Si no confiesa, es que oculta algo y es culpable. Si confiesa, claro, es culpable.
“Les hemos advertido” dicen, y muestran maniquíes colgados de los postes de alumbrado, como lúgubre anticipo de lo que puede suceder en ese barrio cualquier mañana de domingo.
Estos son los argumentos que se escucha, en un lenguaje tosco y nervioso pero claro, cada vez que los micrófonos de la prensa intentan comprender lo que pasó en un lugar de linchamiento. Pero se escucharon argumentos muy parecidos de las autoridades del gobierno de Evo Morales, cuando comentaban los pedidos de asilo y refugio en el Perú de tres ex Ministros de Estado, acusados en el Juicio de Responsabilidades instaurado en contra del gobierno derrocado por el golpe social de octubre 2003. El que escapa es culpable, se dijo, quien nada tiene, nada teme.
No puede sorprender entonces que en los barrios alejados se repita el mismo razonamiento, llevando muerte allá y demostrando acá que el Juicio de Responsabilidades no es sino un linchamiento de formas solemnes.
Los observadores y analistas suelen afirmar que los linchamientos son también reacciones colectivas de impotencia ante la ausencia de justicia. Ocurren allá donde no llegan ni la policía ni los tribunales, o donde la autoridad es tan débil que no alcanza a proteger a la sociedad.
Por esos mismos días en que flagelaron a Fabricano y lincharon a Ríos, la mayoría oficialista en la Cámara de Diputados impuso una decisión: suspender al Presidente de la Corte Suprema de Justicia, acusándolo de retardación de justicia y sin tomar en cuenta sus descargos. Así se sumó el nombre del Dr. Eddy Fernández a una lista ya larga de tribunos y magistrados a los que se ha acosado desde el poder político con el fin de obligarlos a renunciar. El Tribunal Constitucional y el Consejo de la Judicatura han sido paralizados de ese modo y ahora la Corte Suprema se arriesga a la falta de quorum. En realidad, la credibilidad del sistema judicial ha sido corroído con acusaciones políticas y debilitándolo en su funcionamiento con designaciones demoradas o renuncias forzadas.
La exigencia gubernamental de que las autoridades de octubre 2003 se sometan a una justicia en la que ellos no creen y a la que atacan continuamente resulta simplemente inverosímil. Por eso el Gobierno del Perú y ACNUR han sido rápidos en su decisión de proteger a los ex Ministros. Ojalá pudieran hacerlo también con los ladrones de bicicletas y garrafas, o con los jóvenes que una tarde de fiesta lleva por zonas en las que son desconocidos, y donde corren peligro de muerte si alguien levanta un dedo acusador y los asusta, haciéndolos correr hacia un seguro linchamiento.

FABRICANO Y VICTOR HUGO

May 12, 2009

He visto la espalda flagelada de Marcial Fabricano y he sentido pena por este país. La misma CIDOB que Fabricano ayudó a crear como mecanismo de integración y lucha por la equidad y la justicia, ha respaldado la actitud cobarde de los que golpearon a Fabricano. Al hacerlo, han reproducido la actitud de Evo cuando justificó la agresión contra la familia de Victor Hugo Cárdenas que, como Marcial, dedicó su vida a construir esa democracia que permitió a los dirigentes de la CIDOB y al mismo Evo llegar donde han llegado.
¿Invalidan estos actos la lucha política de Marcial y Victor Hugo? Es posible que ellos así lo sientan, víctimas como son de la ingratitud, la mezquindad y la estupidez de quienes no han tenido la altura moral para seguirlos, y por eso mismo los atacan. Incapaces de alcanzar la altura política y humana que tienen Marcial Fabricano y Victor Hugo Cárdenas, quienes marchan por los caminos que ellos abrieron los envidian, y se ensañan con sus cuerpos, sus familias y sus bienes. Pobres de los atacantes y justificadores de la violencia, porque se hunden en su propia mezquindad.
Estos son episodios ingratos y pasajeros que, estoy seguro, pronto superaremos. Tal vez Marcial, Victor Hugo y sus familias no olvidarán el dolor causado por estos ataques, pero estoy seguro de que el reconocimiento y el aprecio de la mayoría honesta y sincera del país les permitirá superar el sabor amargo de estas agresiones.
Siento pena por la Bolivia del presente, pero, al mismo tiempo, siento esperanza por la Bolivia posible, ésa por la que han luchado y siguen luchando Marcial Fabricano y Victor Hugo Cárdenas, dos líderes que me hacen sentir orgulloso y que me permiten mantener la ilusión de un país mejor.