¡Estos revendedores!

El domingo varios revendedores de entradas fueron detenidos en las cercanías del estadio de fútbol de Cochabamba, cuando ofrecían entradas para el partido Wilstermann – The Strongest a un precio superior al de ventanilla. La Prefectura, responsable de esa decisión, les obligó luego a vender las entradas al precio establecido por el club anfitrión.
Mi amigo Rosendo, un heladero emprendedor que vive en la zona de la Tamborada, se quedó sin ver el partido. El había planeado llegar al estadio cerca de la hora de inicio y comprar su entrada de un revendedor. No lo encontró y tampoco pudo informarse de dónde estaban castigando a su caserito revendedor. Tuvo que conformarse con escuchar en la radio la victoria de su equipo.
Como Rosendo muchos más han debido quedar perjudicados ese día en que la Prefectura reprimió la libertad de comercio en Cochabamba.
Los revendedores, naturalmente, perdieron. Si bien la mayoría logró recuperar lo que invirtió en la compra de las entradas, ninguno recuperó la inversión de haber destinado a esa compra el tiempo que le tomó ir temprano hasta las oficinas del Wilster, donde se vendían las entredas, hacer la cola, y el domingo ubicarse en puntos cómodos para los compradores y pasar varias horas esperándolos.
Muchos dirán que está bien, que se lo tenían bien merecido por lucrar con la pasión del fútbol y por aprovecharse de los hinchas al cobrarles más caro que el mismo club.
Ellos no toman en cuenta que el revendedor estaba, en realidad, prestando un servicio por el que, naturalmente, tenía que cobrar, y tampoco que, al hacerlo, estaba corriendo un riesgo. Podía no tener compradores o, como en este caso, sufrir la incomprensión de las autoridades.
Rosendo, por su parte, sí estaba muy consciente de que los revendedores le prestaban un servicio y por eso nunca le pareció mal que le cobraran por él. Si consideraba que el cobro era muy elevado, se acercaba a otro revendedor y los hacía competir. Para Rosendo era mucho más lucrativo dedicar la mayor parte posible de su tiempo a la venta de helados y por eso optó por no ir a soportar largas colas en las puertas del club que, además, queda lejos de su lugar de trabajo. Entre perder tres horas de viajes y colas, y pagar 5 bolivianos más por su entrada, Rosendo prefirió esta opción. En tres horas podía ganar más que esos 5 bolivianos. Y lo mismo su amigo Ismael, que es taxista. Pero ambos se quedaron sin ver el partido y no saben si la próxima vez tendrán la suerte de encontrar un revendedor.
Los revendedores son comerciantes que, con su actividad, vinculan a los productores (en este caso del espectáculo) con los consumidores (en este caso los hinchas). Los productores no pueden poner 100 puntos de venta y se limitan a dos ventanillas anticipadas en el club, y unas 12 en el estadio, desde varias horas antes de que comience el partido. Eso no es suficiente para la comodidad de los 30 o 40 mil espectadores. Los revendedores invierten su tiempo y su dinero, obtienen un lote pequeño de entradas, y buscan a los consumidores, ofreciéndoles entradas sin necesidad de hacer colas y ahorrándoles un viaje extra por la ciudad.
El problema para los consumidores se presenta cuando el partido resulta especialmente atractivo y hay mucha demanda. Si el estadio tiene capacidad para 40 mil personas, y son 60 mil los que quieren entrar, es obvio que las entradas de los revendedores aumentarán mucho más de lo habitual. Pero eso no será por la insana actitud especuladora de los revendedores, sino por la presión que ellos reciben de los hinchas. Cada uno tiene 10 o 20 entradas y de pronto se encuentra con que hay centenares de hinchas desesperados de ingresar al estadio, y muchos de ellos dispuestos a pagar dos o tres veces el precio inicial de la entrada.
Cuando la Prefectura detuvo a los revendedores, ¿solucionó el problema? Por supuesto que no, y Rosendo e Ismael son testigos de eso. Y cuando les obligó a vender a precio de costo, ¿hizo justicia? Tampoco… porque generó pérdidas a quienes iban a prestar un servicio y frustración a quienes querían comprarlo.
Lo que sucedió con los revendedores se reproduce también en el tema de las garrafas de gas. Con un criterio similar se eliminó a los intermediarios (las decenas de miles de pequeñas tiendas que antes las vendían) y se creó un problema mayúsculo para los consumidores. Muchos ahora pierden tiempo caminando con sus garrafas largos trechos, o esperando a que pasen los camiones, o haciendo cola en las distribuidoras, y el ahorro de unos pesos en el precio de la garrafa es posiblemente menor a la pérdida que sufren por no tener el gas, cerca y a tiempo, en la tienda de la esquina.

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10 Responses to “¡Estos revendedores!”

  1. Erick Rolón Ríos Says:

    Explicación económica correcta. Pero, ¿Porqué las autoridades actuaron como actuaron? ¿Por no saber economía básica? Creo que la psicología puede salir en nuestra ayuda: La satisfacción (y la creencia) de que miseria e incomodidad generalizadas ES la justicia social. Puedo imaginar a unos pocos muríendose de rabia, de ver como otros pocos logran unos pesos gracias a su esfuerzo.

  2. Carmela Says:

    Yo creo que los de la Prefectura se avivaron… se aprovecharon de la bronca de la gente contra los revendedores (injustificada, concuerdo), los tomaron presos, y les obligaron a venderles a ellos las entradas a precio de costo.

  3. luistigre Says:

    la reventa de entradas a espectaculos es ilegal en cualquier parte del mundo y en muchos lugares esrazon de arresto ya que nadie al aumentra el precio de una entrada estas evadiendo de cierto modo impuestos pero bueno en la republica de la banana hay q victimizar a los transgresores no?

  4. Roberto Says:

    Si vender algo sin factura ni pago de IVA es ilegal, habría que meter presos a todos los campesinos, más a todos los vendedores minoristas, a los de La Cancha, la Uyustus y las7 calles, y un etcétera que fácilmente alcanzaría al 70% de las transacciones comerciales del país. Debería, pero no se hace. Por qué exigirle al revendedor de entradas que haga algo que los demás no hacen?
    Por otro lado… no es verdad que la reventa sea ilegal. Es más, en muchas partes del mundo es perfectamente legal y en calles de Londres y Nueva York se encuentran casetas para comprar entradas a los espectáculos. Casi siempre compran los turistas, pero cualquiera puede hacerlo.
    Es más… los organizadores de espectáculos prefieren poner las entradas en venta con descuento de mayoristas para facilitar el trabajo de los minoristas, o sea, de los revendedores.
    Pero el tema de fondo es el de la libertad. Ellos la usan para dormir en la ventanilla y ganarse unos pesos, y si tú no la usas de la misma manera, estás en libertad de no comprarles.

  5. Luis A Says:

    Ahora bien, que pasa con los revendedores de boletos de cine? el cine tiene a lo mejor 300 butacas. Los revendedores compran 60 lo cual implica que fuerzan a la gente a comprarlas con un sobreprecio porque no les dan opcion a comprarlas a precio regular debido a que redujeron la oferta. En un mercado perfecto, la gente podria optar hacer la cola y pagar el precio normal o comprarle a un revendedor. Eso si es el libre mercado en juego. Pero ante un bien escaso (como las entradas de cine en la noche de estreno de Avatar) no lo veo muy justo que digamos.

  6. Roberto Says:

    Ah! Te refieres a la noche de estreno de Avatar. Pues si hubo un revendedor que comrpó 60 boletos apenas se abrió la ventanilla, es porque él supuso que esa noche habría una demanda superior a la oferta y que, por tanto, podía administrar la presión sobre los ofertantes (el cine) discriminando precios y dando a los que podían pagar más la oportunidad de asistir al estreno sin matarse en la cola.
    Como demandante, nadie te obligaba a ir ese día ni tampoco el revendedor te puso una pistola en la cabeza para obligarte a comprar su entrada. De hecho, tenías la oportunidad de comprar una de las restantes 240. No redujo la oferta sino que la diferenció añadiendo al bien un valor adicional: el de encontrarlo sin hacer cola e incluso a último minuto para los que no tenían tiempo de estar en ventanilla desde temprano. Para éstos… ¿fue justo? Ellos seguramente dirán que sí.
    Al parecer tú estás molesto porque no conseguiste entrada para ver Avatar la noche del estreno y culpas a los revendedores por ello. Si no hubieran revendedores, alguien te garantiza que haciendo la fila estés entre los primeros 300? Y si fueras el 301, dirías que el que compró la entrada 300 actuó injustamente contigo, porque redujo la oferta (para tí), y entró al cine dejándote fuera?
    Sería distinto el caso si un solo revendedor comprara las 300 entradas valiéndose de su parentesco con el dueño del cine, y luego vendiera solamente 10 a precios enormes, excluyendo a 290 potenciales consumidores y extorsionando a los 10 más entusiastas o ricos. Pero creo que no es éste el caso al que nos referimos, verdad?

  7. Luis A Says:

    La verdad es que no. No estoy molesto en lo absoluto por no haber conseguido una entrada. De hecho no fui al cine esa noche. Mi entrada no hacia referencia en lo absoluto a ese tema. Mi argumento es que los revendedores se aprovechan de un bien escaso para venderlo con un sobre precio. Eso de añadir un valor adicional–evitar que la gente “se mate” en la cola–no me lo trago.

  8. Roberto Says:

    Los bienes económicos son tales porque son escasos… Lo de “sobre precio” es relativo, y subjetivo también, como el “precio justo”.
    Creo que, en la mayor parte de los casos, los revendedores añaden un valor adicional al acercar el producto al consumidor. Algunos pueden lograr ganancias extraordinarias aprovechando la escasez o incluso generando artificialmente la escasez. Pero también corren un riesgo… el de no vender todas sus entradas y perder lo que invirtieron en ellas.
    Vuelvo a insistir… lo grave y reprochable en todo esto sería que los revendedores no compitan para comprar sus lotes de entradas sino que sean “protegidos” por los policías, o por los clubes o cines, y abusen del consumidor no a partir de su acción económica, sino de sus influencias personales o políticas. Mientras tanto, estamos en libertad de comprarles o no…

  9. luis Says:

    yo soy revendedor de peru . me parece bien tu comentario la verdad que nosotros vamos temprano a sacar los boletos invertimos nuestro dinero . te cuento una el dia martes 6 de abril al U jugo BLOOMING vendieron abonos para los tres aprtidos de copa es decir u vs lanus , libertad y blooming pero al ultimo momento para el el ultimo partido para que vaya gente lo pusieron 2 x 1 y tambiem valia lo que habrian comprado abono lo que paso loque paso es que ya la gente habria comprado su boletos yo tenia 30 de abono y 50 normales lo que vendria decir que ya no tenia 80 boletos si no 160 asi muchos compañeros paso a la hora del partido el publico venia con su entrada no venia solo si no con otro acompañante a final me quede con 40 entradas dobles es decir 80 caballero normal me toco perder eso no ve la gente uno invierte su plata para ganar mi plata estubo inve3rtida 2 meses para que al ultimo pierda no me quejo ya se como es este negocio solo hago saber que mucha gente no puede ir a sacar su boletos por muchos motivos , trabajo viaje, estudios tengo la suerte de tenet clientes y llaman para conseguir entradas . me hago una pregunta a veces voy trabajar a la fiestas rave (musica electronica) una botella de agua cuesta 1 sol en la tienda ahi la venden a 10 soles en la discoteca eso como se llama NEGOCIO para ellos entonces si algien necesita un producto y puede pagarlo que se de el gusto si fuera algo de primera necesidad ahi si que me reclamen pero como no lo es a seguir adelnate no mas

  10. Ronald Vallejos Durán Says:

    Leer tu post en el momento justo cuando los revendedores están haciendo su carnaval (hoy juega el Bolívar frente al León de México por octavos de final, el sábado pasado hubo un partido entre el mismo Bolívar y un The Strongest que también está en octavos, ya imaginarás) fue muy sano. Sano porque estaba con un criterio muy opuesto y por ende algo radical. Esto equilibra sensaciones.
    Quisiera, sin embargo, añadir algunas cosas. Recuerdo que de muy joven mi madre quiso aprovechar los tiempos de la selección del 93. Fue a dormir para conseguir algunas entradas y poder revenderlas. Obtuvo como diez, si mal no recuerdo pero al momento de venderlas le resultó muy complicado puesto que quienes revendían las entradas, cuando no, era un grupo hermético que impedía que algún otro ingrese en él, así por así. Le hostigaron hasta el extremo de amenazle con cortarle la cara. Al final, mi madre vendió como pudo lo que pudo. Experiencias como esas son muy bien conocidas por quienes quisieron hacer de revendedor alguna vez.
    Hasta donde sé para evitar la reventa se prohibe la venta de entradas en cantidades mayores a cinco. Pero esto no siempre se cumple. Se siguen vendiendo talonarios enteros. Quienes están en los puntos de venta oficiales lo hacen; también son parte del negocio, digamos que son los primeros revendedores.
    ¿Complejo, verdad?
    Saludos.

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