La deuda interna

En los últimos tiempos algunos economistas han destacado el crecimiento de la deuda pública interna. Preocupados por los aspectos financieros del tema, pocos parecen haber reparado en la profunda y positiva significación que tiene este hecho.

La deuda externa es hoy menos del 40% de la deuda pública total. La mayor parte del endeudamiento del Estado es con acreedores internos. El más importante de todos lo constituyen los propios ciudadanos bolivianos, a quienes el Estado debe casi dos mil millones de dólares. Podría decirse que los propios bolivianos hemos reemplazado al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional como acreedores del Estado. Esto significa también que los intereses que paga el Estado por esa parte de la deuda ya no van a las organizaciones financieras internacionales, sino que benefician directamente a las familias bolivianas.

Este es, sin duda, un gran avance en el fortalecimiento de la soberanía nacional. Podemos afirmar que la dependencia económica de Bolivia se ha reducido.

¿Qué es lo que nos permitió tener esa capacidad? ¿Qué hicimos para lograrla?

Hace menos de 20 años la deuda externa era uno de los temas centrales de la economía. Ningún gobierno podía ignorar las exigencias de nuestros acreedores. Si no las cumplíamos nos veíamos obligados a sacrificar las inversiones públicas, porque para realizarlas necesitábamos nuevos créditos que, por supuesto, no llegaban si no cumplíamos las obligaciones ya contraídas.

Hoy las condiciones son muy diferentes.

Si observamos la composición de la deuda pública, que hoy llega casi a los 7 mil millones de dólares, observaremos que la deuda a todos los acreedores internacionales juntos es el 37 por ciento del total. El resto lo debe el Estado a acreedores nacionales. Al Banco Central poco más de Mil Doscientos millones, y a las Administradoras de Fondos de Pensiones una cifra cercana a los Mil Ochocientos millones de dólares. El resto está formado por diversas entidades del sector público no financiero.

La deuda al Banco Central puede explicarse por la bonanza. En enero de 2006 la deuda al Banco Central no llegaba a los 200 millones de dólares. El Estado se prestó dinero del Banco Central a medida que en dicha entidad se acumulaban reservas. Y como la bonanza es resultado del aumento de los precios en los mercados internacionales, no tiene mucho que ver con lo que hicimos los bolivianos. Nos beneficiamos del alza de precios del gas y los minerales, como nos perjudicaremos cuando caigan. Podemos prepararnos para esas oscilaciones, pero no podemos provocarlas ni evitarlas.

Sí hay algo que hicimos los bolivianos y que nos permitió ahorrar lo suficiente como para desplazar a los organismos financieros internacionales y convertirnos en acreedores del Estado: creamos los Fondos de Pensiones de capitalización individual.

Porque esos Mil Ochocientos millones de dólares que el Estado debe a las AFP, en realidad los debe a los afiliados a las AFP, es decir, debe a los fondos, no a las empresas. Y los intereses que paga por esa deuda tampoco van a las empresas que los administran, sino a las cuentas individuales de todos y cada uno de los bolivianos que están afiliados a las AFP.

En vez de ir a las cuentas de los organismos financieros internacionales, esos intereses se suman a las cuentas de los afiliados, de manera que las nuevas jubilaciones no solamente se financian con los aportes que hace cada uno durante su vida laboral, sino también con las ganancias e intereses logrados por los fondos. Las jubilaciones que se tramiten este año provendrán ya, por partes iguales, de los aportes y de las ganancias acumuladas. Los futuros jubilados tendrán pensiones más altas y ellas estarán financiadas, en su mayor parte, con las ganancias obtenidas por sus aportes.

Lo que el Estado hace con los recursos que se presta es materia de otro artículo. Por ahora queremos resaltar que los fondos de pensiones nos han permitido descubrir que hay capacidad de ahorro en el país y que no estamos condenados a endeudarnos del exterior. Gracias al sistema de pensiones de capitalización individual los bolivianos somos dueños ahora de una masa de capital que ya se acerca a los Cinco Mil millones de dólares. Y no solamente desplazamos al Banco Mundial, al FMI, al BID y a los bancos internacionales como financiadores del Estado, sino que hemos puesto esos recursos a disposición de las empresas y de los inversionistas. Los intereses que ellos pagan y las ganancias que comparten mejoran las rentas de jubilación y benefician directamente a las familias.

¿No deberíamos fortalecer un sistema que nos hace menos dependientes y que distribuye sus ganancias entre todos los afiliados?

El autor pertenece a www.columnistas.net

3 Responses to “La deuda interna”

  1. Jose Luis Barroso Says:

    Como simpre es un gusto poder leer sus articulos de muy buen análisis, sin embargo desde mi modesta perspectiva, pienso que ninguna deuda es buena y peor la interna ya que según la literatura económica la deuda pública interna presiona hacia arriba las tasas de interés y el tipo de cambio, produciendo además un efecto de “estrujamiento” en el sector productivo privado. Al elevarse las tasas reales de interés, se afecta el crecimiento real de la economía, pues la viabilidad de los proyectos productivos en términos de su propia rentabilidad también disminuye (La deuda interna afecta directamente al sistema finaciero nacional).
    En vista de lo anterior, es muy claro que tanto el endeudamiento interno como el externo producen efectos negativos. Lo ideal sería reducir el déficit fiscal con medidas estructurales eficaces, y disminuir el saldo de la deuda pública (interna y externa) mediante la venta de activos. El diagnóstico es muy claro; lo que falta es decisión política.

  2. Roberto L Says:

    En ninguna parte del artículo se afirma que sea bueno o malo endeudarse. Ese es un tema aparte y, por supuesto, su evaluación dependerá de para qué se toma la deuda y a qué costo. No puede hacerse una generalización sobre la deuda sin tomar en cuenta esas condiciones concretas.
    De hecho, los datos actuales de la economía boliviana no respaldan su comentario. Las tasas de interés no están altas y en el sistema financiero hay dificultades para ampliar cartera. Si no hay inversión no es por la deuda interna sino por la falta de seguridad jurídica, la incertidumbre política y la mayor rentabilidad del comercio de importación, la construcción y otras actividades.
    Lo que he tratado de resaltar en el articulo es que el nuevo sistema de pensiones ha mejorado nuestra capacidad de ahorro al punto en que los ciudadanos hemos desplazado a organismos internacionales como financiadores del Estado y que, al hacerlo, hemos contribuido a reducir la dependencia.
    Desde el punto de vista financiero, es posible que la deuda sea costosa para el Estado, pero tales “costos” resultan beneficios para los afiliados al sistema de pensiones y sus familias. Sin el sistema de pensiones, la deuda sería externa y los intereses saldrían del país. En ese caso, perdería el Estado y perderían los ciudadanos. El sistema de pensiones es por tanto un logro importante para Bolivia.
    Finalmente, hay que tomar en cuenta que esa deuda en realidad no es nueva, ya que se originó en el antiguo sistema de pensiones que resultó insostenible e ineficiente. De hecho, como sostuve en un artículo anterior, la deuda con las AFPs ahora representa un mecanismo de reconocimiento formal y de contabilización real de una deuda que existía ya antes pero que estaba oculta y no la contabilizábamos, que era la deuda con los aportantes y jubilados del sistema de reparto.

  3. wallpaper Says:

    fondos…

    […]La deuda interna « VIENTOS NUEVOS[…]…

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