Cooperación, Democracia y Desarrollo

A pesar de su compromiso con la democracia y el desarrollo, la cooperación internacional en algunos casos contribuye a alejar al Estado de la sociedad en los países en que actúa. Al financiar inversiones y gastos públicos, refuerza la capacidad de la burocracia para actuar con independencia de lo que aporte o demande la sociedad. La rendición de cuentas a los donantes coloca a la burocracia estatal en una relación más estrecha con ellos que con la gente, y esa distancia debilita la democracia.

Para la población las rentas de recursos naturales y las donaciones del exterior son similares: representan recursos que no tienen relación con su propia capacidad económica. Los funcionarios del Estado seguramente tienen la misma percepción. Controlar las rentas de recursos naturales es mucho más sencillo que recaudar impuestos y, a diferencia de éstos, no dependen de lo que sucede en la economía local o el mercado interno. De hecho, cuanto mayor sea la proporción de las rentas en el financiamiento fiscal, menos le interesa al Estado la suerte de los productores y comerciantes vinculados al mercado interno. Algo similar sucede con los recursos de la cooperación externa. Incluso puede ocurrir que la burocracia estatal logre más apoyo de la cooperación cuanto peor esté la situación económica de la gente. En una lógica de buenas intenciones pero de resultados perversos, los recursos de la cooperación muchas veces terminan financiando burocracias “eficientes” en sociedades muy pobres… que quedan pobres.

El reconocimiento de estos problemas ha comenzado a inquietar a los funcionarios de la cooperación y a los líderes políticos de los países donantes. Y algunos han empezado a buscar nuevas maneras de cooperar.

Las propuestas más innovadoras y audaces en los últimos años han planteado, por ejemplo, la idea de entregarle directamente el dinero a la gente, a veces condicionando el hecho al cumplimiento de ciertos requisitos de comportamiento (visitas al médico, asistencia a la escuela, etc.) pero a veces sin condiciones de ningún tipo. Estas experiencias son todavía escasas pero las evaluaciones que se han hecho sobre ellas son muy alentadoras. En todos los casos se han comprobado significativos avances no solamente en términos de los problemas específicos que se buscaba superar (desnutrición, deserción escolar, mortalidad materna), sino de manera más general en la reducción de la pobreza. Las entregas en efectivo (cash transfers) dan a las personas la oportunidad de invertir el dinero donde más lo necesitan, de manera que ejercen mayor libertad y responsabilidad. Los proyectos se realizan con menos costos de administración y ofrecen menos oportunidades de despilfarro y corrupción. Adicionalmente, las entregas en efectivo amplían el mercado interno y dinamizan la economía, de manera que el efecto directo sobre la pobreza que tiene la entrega de dinero a la gente puede verse reforzada por la expansión de oportunidades económicas (inversión, empleo, ventas).

Por otro lado, también se ha propuesto la idea de entregar los recursos de cooperación como retribución al cumplimiento de metas previamente acordadas entre gobiernos, y ya no para financiar proyectos o programas específicos, o ejecutarlos de manera directa. Esta propuesta busca que los contribuyentes de los países donantes tengan la garantía de que sus recursos estimularán el cumplimiento de las metas, pero sin interferir en la libertad que deben tener los gobiernos y las sociedades para decidir los medios para alcanzar esas metas. En ese modelo, la cooperación no reemplazaría al Estado ante la gente, y tampoco fiscalizaría sus maneras de operar, lo que permitiría una relación más estrecha y fluida entre la sociedad y el Estado. Este modelo está siendo promovido por el Centro para el Desarrollo Global, un think tank de Washington.

En un discurso pronunciado poco después de asumir el cargo, el nuevo Ministro británico de cooperación al desarrollo Andrew Mitchell, anunció que su gobierno crearía un cuerpo independiente de evaluación para supervisar la cooperación, y que ampliaría programas de financiamiento por resultados (cash on delivery) y de entregas directas de dinero (cash transfers), entre otras innovaciones.

Si se avanzara en esa dirección, estaríamos muy cerca de un nuevo modelo de cooperación basado en la combinación de estas nuevas modalidades. Esto es esperanzador. Con los flujos de dinero llegando directamente a la gente se promovería una relación más estrecha entre la sociedad y el Estado, sobre todo en la medida en que éste se vea obligado a recaudar impuestos, a administrar los recursos con más eficiencia y a rendir cuentas a los ciudadanos. Y si además los resultados logrados por la inversión y la gestión pública le permitieran al Estado acceder a recursos adicionales, se fortalecería una dinámica virtuosa de desarrollo y democracia que, hasta ahora, ha eludido los esfuerzos de la cooperación.

(c) www.columnistas.net

3 Responses to “Cooperación, Democracia y Desarrollo”

  1. Freddy Peña Says:

    A partir de la lectura del artículo de Laserna publicado en Vientos Nuevos en torno al problema de Cooperación, democracia y desarrollo, se me vienen a la mente diversas ideas que salen del planteamiento del artículo escrito, hecho que merece per se, una alabanza ya que, realmente existe, dentro el mundo de la cooperación, diversas corrientes que ponen en tela de jucio las diversas políticas aplicadas al respecto. Tengo, sin embargo la sospecha de que estas ideas pasan y van más por el camino de un debate utópico que de una realidad posible a ser aplicada. También tengo que entender que cuando el autor hace referencia a la cooperación, se está refiriendo a la cooperación bilateral, es decir, solo a una parte del así llamado mundo de la cooperación internacional.

    El tema de la distribución de recursos directamente a la población es como tal una idea relativamente nueva, aunque tiene una larga historia desde Joseph Charlier (1816 – 1896), inspirado por Charles Fourier en sus ideas plasmadas en el ensayo titulado “Solución del problema social” cuando plantea la introducción de un dividendo territorial que debería ser pagado por el Municipio a todos los ciudadanos como expresión del derecho de todos a la tierra, a los recursos naturales, en el entendido que era una contrapartida de la apropiación privada del territorio bajo la forma de un ingreso para todos pagado por los que tienen una parte de la propiedad privada de la tierra. Y así, la historia coloca algunos ejemplos más cercanos como el caso de Alaska, donde incondicionalmente todos los habitantes desde principios del año 80’ reciben una renta desde su nacimiento hasta su muerte con la condición única de la residencia legal. Naturalmente la idea de esta política no tiene nada que ver con la lucha contra la pobreza y el desempleo.

    Hay que destacar, dentro esta misma línea, las políticas de ingresos básico mínimo que existen en diversos países más desarrollados como el caso de Alemania donde se garantiza un ingreso mínimo a todas las personas que contribuyeron o no al sistema de seguro social y que está condicionado y determinado por la situación familiar de la persona. También está condicionada a la voluntad de aceptar un empleo y/o una otra forma de integración social. Luego está el caso de Suecia y el de Holanda en los cuales hay una pensión básica a toda la gente mayor de 65 años. Mucho más notorio es el caso de Sudáfrica que desde los finales de la época del Apartheid donde se paga una pensión mínima a las mujeres mayores a los 62 años y a los hombres de más de 65 años. Talvés los ejemplos de Bolivia del “Bono Sol” y/o de “Juancito Pinto” son ejemplos más aproximados a lo que menciona Laserna.

    He realizado esta pequeña historia como para resaltar que ese tipo de políticas de distribución son políticas macro, posibles de ser pensadas en el total de la población, aplicables al conjunto de la población y cuyo resultado (en el caso de que exista) sólo podría ser visto en un largo plazo. He mencionado el término de debate utópico porque sociedades como las bolivianas, donde una parte considerable del ingreso no pasa por el sistema tributario, la introducción de una renta universal llegaría a términos irresponsables para el sistema mismo. No soy opuesto a estas medidas solidarias, de justicia social, pero veo que a veces las ideas se quedan en una discusión leve. Ahora bien, los recursos y las donaciones exteriores tienen adicionalmente el componente de dependencia, fuera que representan una mínima porción (una gota de agua en una piedra caliente) de posibles recursos. La cooperación debe tender a no crear dependencia sino a crear oportunidades. No veo muy clara la relación que Laserna hace cuando menciona que flujos de fondos que lleguen directamente a la gente podría promover “una relación más estrecha entre la sociedad y el Estado”, por sobre todo si se tratan de fondos del exterior. Sería casi como negar las posibilidades de los diferentes actores sociales de hacer historia por sí mismos. No veo que la política de “Small is beautiful” pueda ser aplicada a semejante desafío como representa la desigualdad. Es más, soy de la opinión de que se debe construir una alternativa que haga posible que todos trabajen pero que no se obligue a aceptar cualquier tipo de trabajo y me puedo imaginar que la cooperación internacional deba pensar en apoyos a alternativas que incentiven las ideas y/o que apoyen los esfuerzos nacionales, o de una sociedad que piensa por sí misma.

  2. Roberto L Says:

    Gracias, Freddy. Interesante aporte al debate.
    Trataré de revisar lo de Charlier y lo de Fourier, porque la propuesta ha sido recientemente retomada por Peter Barnes en Capitalism 3.0 en referencia a todos los recursos naturales comunes, incluyendo el medio ambiente, clima, oxígeno, etc.
    Para continuar el debate me sorprende que digas que la pre-distribución de rentas (sobre riquezas que son comunes) no tenga nada que ver con la pobreza. ¿Cómo no? Asegurar un mínimo de consumo eleva los niveles de vida y permite redefinir la pobreza. Por supuesto, como concepto relativo, siempre habrá “pobres”, pero lo que realmente importa para reducir el sufrimiento humano es eliminar la pobreza absoluta, no?
    Las políticas de ingreso mínimo aparecen tarde en países de mucha solvencia, y son consideradas un lujo de los países ricos. Por eso, como referencias para estudiar sus impactos y efectos, son más importantes las que se realizan en países pobres así sea a una parte de la población (los mayores de 60 o 62 o 65 años, como refieres). Pero hay pocos estudios y se subestiman esas políticas como asistencialistas, y se les resta relevancia… sin conocerlas!
    Ahora bien, el nudo principal del artículo propone pensar una combinación de políticas, desembolsando a los gobiernos una vez comprobado el resultado (no pagas actividades sino metas logradas) y otra parte a la gente (lo que le permite contar con recursos para invertir y consumir, dinamizando la economía y ampliando la base tributaria). Para financiar las políticas sociales el gobierno podría prestarse (teniendo con qué pagar si alcanza las metas acordadas) y cobrar impuestos (la gente tendría plata y pagaría mejor impuestos a medida que vea resultados de la acción del gobierno). Esto generaría una dinámica virtuosa removiendo a la cooperación del lugar que hoy ocupa, como colchón o intermediaria entre el Estado y la sociedad. Por eso decía que esta combinación de política estrecharía la relación entre Estado y sociedad, porque sacaría del medio a los donantes y obligaría a que el Estado se acerque -y rinda cuentas- a su sociedad.

  3. Anonymous Says:

    Check this:
    http://www.economist.com/node/16693323

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