Homenaje a dos creadores: Joaquín Aguirre y Paulovich

Este no es un acto por el Bicentenario. No estamos aquí para recordar viejas hazañas ni para disputar nuevas interpretaciones. Estamos aquí para celebrar y agradecer la vida de dos hombres en quienes los cochabambinos quisiéramos ver reflejadas nuestras mayores virtudes y nuestras mejores aspiraciones: Alfonso Prudencio Claure, y Joaquín Aguirre Lavayén. Fuera o no el Bicentenario y estuviéramos o no en Septiembre, estaríamos de todos modos aquí para rendirles este homenaje. Por una simple y sencilla razón: se lo merecen.

***

Crecí en una casa vieja y llena de objetos y recuerdos. Uno de los cuartos que ejercía mayor atracción para los niños era el escritorio de mi abuelo. Cerrado, oscuro y lleno de libros. Algunas veces esos libros deambulaban por la casa y se posaban encima de los aparadores, de las mesas de noche o de los ventanales. Un día me encontré con uno de esos libros. Había escuchado a los mayores hablar de él con picardía y carcajadas, pero también con cierta cautela, porque al gobierno no le gustaba. Lo estuve hojeando muchas noches y aunque no entendía mucho de lo que decía, sabía que estaba ante algo que provocaba y hería, pero que al mismo tiempo obligaba a sonreír. Se trataba de un libro de capítulos breves cuyo título era “Rosca, rosca…qué estás haciendo?”. En una edad en la que jugaba las rondas del lobo, era obvio que aquél libro me atrajera aunque, por supuesto, no podía entenderlo por completo.

Pero sí quedó en mi mente grabado el nombre de su autor: Paulovich.

Luego de esa primera experiencia, ese nombre se fue volviendo poco a poco parte de mis lecturas cotidianas, como de las de miles de bolivianos. Buscar “La Noticia de Perfil” es, para los lectores de periódicos, un hábito saludable, porque la mordacidad y la picardía de Paulovich nos permiten desahogar frustraciones y broncas, y darles a nuestras angustias y preocupaciones el tono jocoso necesario para aligerarlas.

Esa columna tiene ya más de 50 años y es una verdadera institución del periodismo boliviano. Muchos de los artículos se encuentran reunidos en 11 libros y los más recientes están disponibles en internet. Todos prueban lo mucho que hemos recibido de Paulovich. Y de sus tías Encarna, Restituta, Clotilde von Karajan y, más recientemente, de la comadre Macacha y los yatiris Titirico y Calimán.

Alfonso Prudencio Claure nació en La Paz, de padres cochabambinos, y además de ejercer el periodismo ha sido diplomático, diputado, concejal y Alcalde de La Paz. Reforzó sus raíces cochabambinas con el seudónimo Paulovich (ya se sabe que los croatas son originarios de Cochabamba o de Oruro), y en los últimos años la oportunidad del humor lo lleva hacia el Alto, como Paulino Huanca.

El periodismo de Paulovich es de opinión y de combate, pues pocos como él esgrimen mejor las armas del humor y la ironía. Con ellas hiere vanidades, denuncia los abusos y los disparates, y corroe los hilos del poder. Al hacerlo, Paulino Huanca navega entre dos corrientes, la de la lucidez y la de la locura, burlándose de sí mismo para desarmar a los que muerde con sus chistes y descripciones. Por Alfonso Prudencio y sus tomaduras de pelo, los poderosos en Bolivia siempre quedan calvos aunque no cambien de peinado.

Este acto, don Alfonso, es para agradecerle todo lo que ha hecho por nosotros, y para agradecer también a su esposa, la ibérica de Zaragoza con la que está casado hace más de 14002 días, que ha mantenido más o menos enderezada la vida a saltos que ha llevado entre Presencia, Los Tiempos y su Harley Davidson.

***

En esas exploraciones clandestinas al escritorio del abuelo me encontré otra tarde con un libro que terminé con fascinación. Se trataba de la novela histórica “Mas allá del horizonte”.

Cuando mi tía-abuela me contó que la había escrito el nieto de Nataniel Aguirre, autor de esa cumbre literaria que es “Juan de la Rosa”, pensé que su autor estaba condenado a no salir de la sombra de su abuelo. Ya estaba yo en los últimos años del colegio, conocía la importancia de esa novela y no podía ignorar que Nataniel Aguirre tenía una fuerte presencia en Cochabamba. Muchas tardes de Kinder las pasamos jugando en la plazuela Colón, cerca del bronce que lo inmortaliza, y en su honor lleva su nombre una de las calles más importantes de Cochabamba.

Poco antes de que se cumpliera el centenario de la Guerra del Pacífico, el nieto de Nataniel Aguirre publicó otra novela histórica: “Guano Maldito”, que puso en circulación una nueva visión de aquella guerra. A esas dos novelas sumó otras obras, siempre cercanas a la historia, aunque en otros géneros.

Lo que entonces no sabía es que Joaquín Aguirre Lavayén estaba escribiendo con su propia vida una verdadera epopeya que cambiaría a Bolivia.

Joaquín Aguirre empezó a marcar un lugar propio en la historia boliviana en 1941. Por entonces era un muchacho atrevido que estudiaba derecho en La Paz y trabajaba en la cancillería, a cargo de Alberto Ostria Gutiérrez, uno de los diplomáticos más importantes que ha tenido Bolivia. Atrevido porque, con apenas 20 años de edad y ocupando un cargo sin mayor relevancia, se atrevió a tocar un sábado en la tarde la puerta del Canciller para proponerle, en su casa, que en la declaración conjunta de una reunión internacional que se realizaría en 1942, se acordara la necesidad de dragar el Tamengo con el fin de habilitar un puerto fluvial hacia el Atlántico.

Joaquín Aguirre había pasado semanas estudiando el tema, recopilando información e investigando documentos, y llevó ante el canciller su propuesta. No logró convencer a Ostria y, afortunadamente, Ostria tampoco lo convenció de abandonar la idea.

Joaquín Aguirre siguió luego su vocación inicial y estudió literatura en Estados Unidos. Volvió a la cancillería e integró la delegación boliviana que participó de la fundación de las Naciones Unidas. Las turbulencias de los años 50 lo alejaron del país y terminó en Colombia, donde promovió varios emprendimientos comerciales e industriales. Uno de ellos lo llevó de vuelta a Estados Unidos, donde patentó una nueva tecnología para deshidratar frutos tropicales. En los años 1970 volvió a Bolivia y aplicó su experiencia empresarial desde la presidencia de la Corporación Boliviana de Fomento. Allá retomó la idea de un puerto hacia el Atlántico que permitiría exportar azúcar. Habían pasado 36 años desde que planteara el tema por primera vez, pero tampoco encontró la suficiente acogida para llevar adelante su propuesta.

Tomó entonces la decisión que más debemos agradecer los bolivianos: la de hacer el puerto por su propia cuenta.

El momento elegido para hacerlo era el menos auspicioso. El retorno a la democracia había destapado expectativas largamente reprimidas y el gobierno de Siles Zuazo no pudo controlarlas. El país estaba prácticamente quebrado cuando José Ramos Chapura, un viejo chiquitano, le dijo “lo esperaba don Aguirre”, y le vendió su parcela de tierra al borde del Tamengo, porque así se lo había sugerido en sueños su madre.

En 1984 empezó a dragar el Tamengo para empezar la obra.

Para entonces llevaba ya 43 años planteando con terquedad la idea del puerto hacia el Atlántico y mientras muchos lo empezaban a considerar un loco obsesivo, otros lo tomaban cada vez más en serio, entre ellos, el Presidente Paz Estenssoro y sus ministros del área económica, así como técnicos del Banco Mundial y USAID. El puerto empezó a construirse bajo el empuje de Joaquín Aguirre y sus hijos, mientras el gobierno hacía lo suyo fomentando la expansión agrícola de soya y sorgo que, ahora sí, podrían ser exportadas.

El 11 de septiembre de 1989 –ayer se cumplieron 21 años- se inauguró Central Aguirre, que es hoy el segundo puerto más importante para el comercio exterior boliviano. Por allá se exportan ahora cerca de 700 mil toneladas al año, la mayor parte productos agrícolas o derivados. Por Antofagasta salen casi 900 mil toneladas, en su mayor parte minerales. Por Arica sale la tercera parte de lo que sale por Puerto Aguirre.

Joaquín Aguirre consiguió algo que parecía imposible: que Bolivia tuviera un puerto soberano hacia el Atlántico… a más de dos mil kilómetros del océano!

No creo que haya ninguna obra individual que haya tenido tanta influencia en el crecimiento de nuestra economía, y por tanto en la reducción de la pobreza, que el emprendimiento realizado por este cochabambino ejemplar.

Y lo consiguió a una edad en que la mayor parte de las personas busca su retiro laboral.

Es verdad, Joaquín Aguirre ya era “bonosolista” cuando empezó la construcción del Puerto, y había cumplido 68 años cuando lo inauguró y puso a funcionar.

Cuando recibí la invitación de Los Tiempos y la Cámara Junior para hacer esta presentación, sentí que me incluían sin merecimiento en este homenaje. Pero debo confesar que nunca me había sentido más pequeño que hoy, al leer estas líneas que me acercan a un verdadero gigante de la iniciativa y el emprendimiento como con justicia lo calificó Paulovich en su nota de ayer.

Aún así, me siento honrado por la oportunidad de decir, a nombre de todos ustedes, gracias don Joaquín Aguirre. Gracias por su empecinamiento y su terquedad, por su dedicación a una idea, por una obra extraordinaria y una vida que, en muchos sentidos, ilumina las nuestras.

Tengo la certeza de que si Nataniel Aguirre entrara hoy por esta sala, con sus largas patillas y su altivo bigote, se presentaría como el abuelo de Joaquín Aguirre, seguro de que bastaría eso para ganar nuestro afecto. Lo acompañaría la sonrisa cómplice de su cuñado Miguel Suárez Arana, creador de Puerto Suárez, pues seguramente fueron ambos los que sembraron en la mente de Joaquín Aguirre Lavayén la obsesión que nos permite celebrar la epopeya que escribió con su vida.

Esa epopeya que hoy nos congregó para decirle, con la mayor sinceridad, una vez más, gracias.

(Palabras de homenaje expresadas el 12 de septiembre de 2010. Publicadas en Oh!, el 19 de septiembre de 2010)

2 Responses to “Homenaje a dos creadores: Joaquín Aguirre y Paulovich”

  1. Terrence Says:

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    in that bar. Today the Associated Press reports that finally there
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    of the behemoth budget. Council member Roger Berliner is quoted in that article
    as saying, “I do perceive the process used here taints the entire project and makes it difficult for us.

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