Para superar el rentismo

Uno de las características más llamativas de Bolivia es el contraste que hay entre la pobreza de la gente, y la riqueza del país. Aquí abundan la tierra y el agua, la fauna y la flora son extraordinarias y los minerales del país han contribuido al desarrollo mundial desde hace siglos.

¿Por qué hay entonces tanta pobreza? 

Bolivia tampoco es un país de indiferentes o de gente resignada. Tiene también una larga historia de luchas sociales que demuestran que la pobreza no se debe a la apatía o al conformismo.

A lo largo de nuestra historia hemos ensayado muchas maneras de administrar los recursos naturales pero hasta ahora no logramos superar esa enorme frustración reflejada en la imagen de Bolivia como un mendigo sentado en una silla de oro.

Cuando los recursos estaban en manos privadas, fuimos convencidos de que nos saqueaban y nacionalizamos tres veces los hidrocarburos y una vez las minas. ¿Para qué?

Las arcas del Estado se llenaron por un tiempo. El dinero se despilfarró. Y a poco volvimos a la misma situación… mendigos en silla de oro.

En los últimos años la abundancia del gas y las exportaciones al Brasil y la Argentina han multiplicado por 6 los recursos del estado. Pero la pobreza no disminuye y las desigualdades se renuevan y crecen.

Algunos hablan de la maldición de los recursos naturales, porque nuestra experiencia es repetida en muchos países con abundantes recursos naturales y que tampoco logran salir del subdesarrollo.

Yo creo que es equivocado pensar que hay una maldición que nos impide aprovechar la abundancia. Lo que hay es una trampa. Ya hemos caído en ella antes, pero si la reconocemos seremos capaces de evitarla: es la trampa del rentismo.

La trampa del rentismo está compuesta por tres piezas que actúan  al mismo tiempo, que se refuerzan, y que estimulan los comportamientos políticos y económicos que nos llevan a despilfarrar nuestras riquezas naturales.

La primera pieza, diríamos, es la abundancia concentrada de recursos. La segunda, es la debilidad de las instituciones, especialmente de las públicas. Y la tercera, son las desigualdades económicas.

Esas tres condiciones crean y ponen en funcionamiento la trampa del rentismo. La abundancia atrae la atención de los grupos sociales que disputan su control, por eso los conflictos crecen y se justifican con discursos sobre la pobreza y la desigualdad. Pero la intención de todos es controlar y aprovechar los recursos, tomando ventaja de la debilidad institucional, lo que a su vez impide que el Estado se fortalezca. Como el Estado es débil, no puede resistir las presiones de las personas influyentes o los grupos de poder, y termina haciendo gastos e inversiones ineficientes, decididas al calor de presiones particularistas.

Por esa trampa, las bonanzas se desperdician, y a pesar de las movilizaciones y protestas, la situación social termina peor y quedan sin resolver los problemas de la pobreza.

¿Cómo eludir esa trampa?

Después de estudiar cuidadosamente el tema y discutir mucho con personas de gran experiencia, llegamos a la conclusión de que la mejor manera de hacerlo es también la más sencilla: entregar a cada ciudadano, una vez al año, la parte que le toque de las rentas que se obtengan de los recursos naturales.

La solución es tan sencilla que basta aplicar la promesa constitucional que dice que los recursos naturales pertenecen a todos los bolivianos. Para eso, deberían distribuirse entre todos los bolivianos las rentas que generan esos recursos, sin discriminación y en igualdad de condiciones.

La suma exacta seguramente cambiará todos los años, porque dependerá de cuánto se recaude, y ésto de los precios y los volúmenes de exportación.

Pero las familias podrían sumar sus partes e invertir en mejoras de su vivienda, de su salud y de su educación, podrían crear o mejorar sus negocios, o usar esos dineros para respaldar sus créditos.

Lo importante es que los recursos serán realmente de todos.

Distribuyendo las rentas a la gente, el Estado estará libre de presiones. Para recaudar fondos y hacer obras, los políticos estarán obligados a mejorar su desempeño, pues de otro modo no podrán convencer a la gente de pagar impuestos para tener servicios públicos. Prometerán menos y trabajarán más. Tendrán que ser más eficientes y rendirán cuentas incluso sin que se lo pidamos.

Por supuesto, bajará la desigualdad y disminuirá la pobreza. Al llegar a todos, los recursos que son de todos darán seguridad a los más pobres, elevando su bienestar.

Si la distribución de las rentas solamente permitiera eludir la trampa del rentismo, ya se justificaría. Evitar el daño de vivir en una trampa que reproduce la desigualdad, la pobreza, los conflictos y la debilidad del Estado, sería ya un gran avance.

Pero la experiencia enseña que no solamente evitaríamos el daño, sino que podríamos lograr también una economía más dinámica y equitativa, y una democracia más fuerte.

Los recursos naturales son del pueblo, no del Estado. Hagamos que se cumpla la Constitución, y que la plata llegue a la gente.

Esto es lo que les propongo discutir en este chat.

4 Responses to “Para superar el rentismo”

  1. Agapito Parihuancollo Says:

    Distinguido Dr. Laserna.

    Lamentablemente llegue tarde al chat del 24 de mayo, sin embargo quisiera tener la oportunidad que me envíe sus comentarios respecto al tema de la distribución de los recursos de todos los bolivianos y el rentismo.

    Para ello, debo mencionar lo siguiente:

    Es evidente que Bolivia, tiene “ingentes” cantidades de recursos naturales, y como país hemos sido tipificados como “un mendigo sentado en una silla de oro” por lo que, particulamente no concuerdo con la idea de distribuir los recursos generados por el estado a cada uno de los bolivianos, ya que ese sería el “colmo” del rentismo. pues no todos en el país han aportado para la generación de esos recursos, algunos se las han dado de “cigarras” y otros de “hormigas” y no sería justo que se haga una distribución por igual.

    por otro lado, ¿acaso es la “buena gestión” del estado la que ha generado estos beneficios extraordinarios?

    En realidad es el mercado liberal (al que tanto se ataca) que gracias a su intervención en el ámbito internacional determina el nivel de precios, es decir coyunturalmente boliva se ha beneficiado de los precios internacionales, y queda una pregunta al respecto… ¿cómo distribuiriamos la “renta” cuando los precios internacionales bajen a niveles de insostenibilidad en la exportación de nuestras materias primas?, acaso se podría distribuir la obligación de asumir el déficit generado, pidiendo que “apoyen con algo”…. En relación a lo anterior, nuestro país ya vivió esa realidad, sino cuál habría sido el remedio para la crisis de la UDP?, recordemos que la libra fina de estaño costaba menos en el mercado internacional que el costo de producción! de ahí que queda totalmente justificado el retiro (relocalización) de más de 28.000 mineros (desde el punto de vista de la política fiscal).

    Es importante mencionar que de seguir las cosas como están, es decir, con un incremento creciente del gasto público y con el despilfarro de los recursos estatales, el panorama a futuro no es alentador, ya que no se está fortaleciendo para nada al sector industrial que no se encuentra en poder del estado!, nuestra economía tiene un profundo interés en fortalecer los sectores primario y terciario de la economía. y qué de la industrialización.

    alguien comento en su chat que “sufrimos una lobotomía” en relación a identificar al Estado como ineficiente y mal administrador, la verda es que es cierto y ese concepto tiene un asidero, la respuesta está en la mentalidad del boliviano, nosotros como bolivianos tenemos una forma de actuar que la ha tipificado a la perfección hace más de 100 años el genio Alcides Arguedas como un pueblo enfermo. si no cambiamos ese comportamiento no tenemos futuro. Hoy por hoy, veo con mucha tristeza que el diagnóstico que nos dió Arguedas se ha acrecentado pues es triste ver posiciones chauvinistas y patrioteras como nunca en la historia de bolivia (El alto, Plan 3000, PIOC, Ponchos rojos, bartolinas, etc), que lo unico que hacen es ahondar el conflicto.

    Finalmente, es claro que todo tiene un origen y al parecer no hay vuelta atrás, ya que la CPE, y las leyes resultantes incorporan conceptos, premisas y principios mañosamente tergiversados y chauvinistas, basta leer la bucólica sección a modo de introducción que ostenta la CPE.

    En definitiva, lo unico que falta en nuestro país es que el gobierno, acepte públicamente su verdadera orientación comunista, claro que es pedir mucho, sin embargo todo lo que se hace en Bolivia muestra esa orientación.

    Saludos.

    AGPA.

    • laserna Says:

      Respeto su discrepancia. Creo que se basa en una equivocada comprensión del tema. Los recursos que propongo distribuir no han sido generados por el Estado y tampoco por los ciudadanos, sean hormigas cigarras, como Ud. los llama. Son las rentas de los recursos “naturales”, en cuya producción no hemos participado ni los ciudadanos ni el Estado, sino que forman parte de nuestra dotación básica de recursos como país. Pertenecen a todos y, por eso, sostengo que deberían beneficiar a todos.
      Es posible que pueda decirse que distribuirlos sería el colmo del rentismo, pero coincidirá conmigo en que se trataría de un rentismo justo, porque permite a todos disfrutar de lo suyo, y evitaría el rentismo dañino que es el estatal. Ese es dañino justamente porque no llega a todos pero nos obsesiona a todos, absorbiendo en la lucha por su captura energías que podrían ser mejor utilizadas.
      Es comprensible que a Ud. le preocupe qué ocurrirá con las rentas si caen los precios o se agotan los recursos. La respuesta es obvia: bajarán o desaparecerán. La clave de todo esto es que dejemos de creer que es el Estado el que genera esos recursos y el que los distribuye y reconozcamos que esos recursos son “naturales” y su distribución puede hacerse directamente, con el Estado ejerciendo un rol de supervisión y control solamente. Y si la gente está bien informada, sabrá que cuando esas rentas suben es porque mejoraron los precios, de manera que cuando éstos bajen, sabrán que sus rentas se reducirán también. La transparencia es esencial para ese proyecto y, además, mucho más fácil de alcanzar que ahora, cuando el Estado recibe todo a nombre nuestro y ni siquiera nos informa, pues prefiere que sigamos creyendo qe es él el eficiente.

  2. Andres Rosa Says:

    Dr,

    Varios paises han mostrado que inversión en educación y crecimiento económico a largo plazo están correlacionados positivamente. Imagino que ustede ha leído varios casos. Podría usted reflexionar sobre este tema y luego comentar si su propuesta podría permitir a Bolivia dar el salto esperado en el nivel de educación?

    Le parece que sería mejor FOCALIZAR en una sóla área (EDUCACIÓN) en lugar de destinar un poco a cada área: salud, vivienda, negocios, creditos? Despues de todo, a largo plazo, un persona educada se enferma menos, se alimenta mejor, es capaz de generar sus propias fuentes de ingreso (trabajando).

    Leí que en su propuesta usted cree que las personas van a decidir de la mejor manera. Cómo podríamos incentivar a las personas a usar estos recursos para la educación de sus hijos? Informándoles los beneficios de hacerlo?

    Hace un tiempo leí que durante los primeros años de vida nuestro cerebro adquiere su principales características y para eso debe estar correctamente estimulado (nutrición, educación) … y si se explicara todo esto a la población para que tomen una buena decisión? Creo que vale mas la pena atacar la raiz del problema que cortar las ramas.

    Saludos cordiales,
    Andres Rosa

    • laserna Says:

      La educación es sin duda fundamental. Si alguien lo sabe, son los padres de familia. Su comportamiento lo demuestra. Están dispuestos a invertir en la educación de sus hijos todo lo que pueden. No es necesario enseñarles eso, lo saben. Incluso el Bonosol, cuando iba sólo a los mayores de 65 años, se dedicaba en una buena parte a la educación de los hijos y de los nietos. El florecimiento de centros e institutos de formación en las ciudades también demuestra que ese mercado crece y que la gente paga por mejorar la educación que dan las escuelas y universidades públicas.
      Y eso nos lleva al tema clave. El sistema educativo público no satisface las necesidades de la gente. No es sólo por falta de presupuesto: es que está capturado por los gremios que logran hacer prevalecer su interés por encima del de los alumnos.
      Los argumentos que Ud. da en su comentario, que son irrebatibles, son utilizados por esos mismos gremios para obtener un pedazo mayor de la torta presupuestaria, y seguir haciendo lo mismo de siempre.
      Si toda la renta se fuera en “educación”, terminaría perdiéndose en el agujero negro del sistema público, incluso con inversiones para “reformarlo” y llenarlo de computadoras.
      En otras partes se mejoró el sistema cuando se puso a las escuelas y universidades a competir por los vouchers que se entregaban a la gente. No es una mala política pero para aplicarla se requiere un sistema institucional que no existe en Bolivia, y un alumnado que ya tiene resueltas sus necesidades básicas.
      Darle el dinero directamente a la gente será como darles vouchers para que las familias decidan. Y estoy convencido de que sus prioridades serán la alimentación, la salud y la educación de los niños. Hay evidencias que lo demuestran.

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