¿Otro Gasolinazo? Aprende de Irán

En diciembre del 2010 se produjeron dos fuertes gasolinazos: uno en Irán, otro en Bolivia. En ambos casos se buscó eliminar los precios subsidiados de los carburantes y por las mismas razones. Estaban desangrando la economía fiscal, promoviendo el despilfarro de energía, aumentando la contaminación y acentuando las desigualdades económicas, dado que los subsidios son mas aprovechados por los grupos que tienen mayor nivel de consumo e ingresos. Y en ambos casos se buscaba revertir la crisis del sector petrolero, alentando nuevas inversiones que pudieran aprovechar los buenos precios en los mercados internacionales.
El gobierno de Bolivia decidió subir los precios de la gasolina en un 73%, del diesel un 83%, de otros productos incluso más. La protesta fue inmediata. Ofreció compensaciones pero no amainaron las protestas. A los pocos días revirtió la medida pero quedó en el aire la sensación de que era algo que debía hacerse y que en algún momento se hará, añadiendo una fuente más de incertidumbre a la economía. También quedó claro que el gobierno actuó de forma improvisada y sin ninguna sensibilidad social. El problema económico se agravó y el costo político fue devastador. Desde entonces cayó la confianza en el gobierno.
Por esos mismos días, el régimen teocrático de Irán aprobó un aumento en los precios de la gasolina de alrededor del 400%, llegando al 700% en el caso de la gasolina que se vende sin restricciones de cupos o licencias previas. No se registraron protestas masivas por el tema y el problema económico ha quedado prácticamente resuelto. Las protestas, allá, son por democracia y libertad.
Cuando se observan y comparan los dos casos, resalta el cuidadoso y detallado diseño del “gasolinazo” iraní en contraste con la improvisación del boliviano. De acuerdo a un reporte del FMI, en Irán el gobierno propuso la reforma con más de un año de anticipación logrando que la misma fuera discutida en el parlamento y en el consejo de estado, y difundiendo en la población la información adecuada para que se comprendiera el costo ambiental y social que tenían los subsidios. No solamente se preparó el clima político sino que se tomaron las precauciones necesarias para abastecer los mercados en caso de especulación, estabilizando los precios y almacenando grandes cantidades de los bienes de primera necesidad a fin de contrarrestar la especulación que no pudiera controlarse cuando se aumentaran oficialmente los precios de los combustibles.

Todo eso fue importante pero la clave del éxito estuvo en la compensación.

Aún sin haber determinado en cuánto aumentarían los precios, la reforma planteó desde el principio que el 50% de lo que se recaudara con esos aumentos se distribuiría directamente y en efectivo a la gente. Hasta un 30% se destinaría a financiar programas de ahorro y eficiencia energética en las empresas, a fin de que éstas se adapten a la nueva estructura de mercado y no carguen costos a los consumidores, y el saldo, 20%, tendría el mismo fin en el sector público.

Cualquier persona podía solicitar la compensación y, de hecho, un 80% de los iraníes lo ha hecho, recibiendo en su cuenta bancaria un depósito bimestral de aproximadamente 90 dólares por familia de 5 personas.
Esta compensación no solamente dio viabilidad a la política de eliminación de subsidios, permitiendo reducir una verdadera “sangría” económica, sino que ha empezado a cambiar los comportamientos de los consumidores y de las empresas, reduciendo el consumo de energía y aumentando las disponibilidades para exportación. Pero, lo que es más importante de todo, es que a partir de la compensación, se han empezado a redistribuir las ganancias petroleras de manera que ahora ya no benefician sólo a los consumidores de gasolina sino a toda la población y, en especial, a los más pobres. El monto que se distribuye en efectivo, igual para todos, representa una suma sustancial para los que tienen ingresos más bajos, de manera que no solamente se ha logrado romper una política que acentuaba las desigualdades, sino que se la ha reemplazado con una política que es más equitativa y que contribuye a reducir la pobreza.
Una propuesta similar fue planteada en la Fundación Milenio a través de su informe de coyuntura 81, difundido el 28 de diciembre de 2010 a raíz del gasolinazo. Anticipando la inviabilidad de las compensaciones ofrecidas por el gobierno, y utilizando las cifras que dieron las autoridades, en ese informe se propuso la distribución directa y en efectivo de lo que se obtuviera por el incremento de precios, estimándose que alcanzaría a 150 dólares anuales por familia. Esa cifra hubiera más que compensado el impacto de gasolinazo sobre los presupuestos familiares de la mitad mas pobre de la población, y lo hubiera moderado en el resto, induciendo un comportamiento más austero en el uso de los combustibles y bajando así la contaminación.
Por supuesto, en medio de la improvisación era imposible que se tomara en cuenta esa propuesta. Pero lo cierto es que el problema de los subsidios sigue y crece cada día, tanto por el aumento de los precios internacionales como del parque automotor, y es necesario encontrarle una solución adecuada. Como dice el Presidente, es necesario detener “el desangramiento económico” del país. La solución no puede ser, como se pretendió en diciembre, quitar las ganancias de los contrabandistas para dárselas a los burócratas. Lo deseable, y lo posible, es pasársela a la gente, tal como lo planteaba el referido documento.
El régimen iraní, tan retrógrada y conservador en muchas cosas, ha demostrado en el tema de la eliminación de subsidios mucha sensibilidad social y un gran pragmatismo, poniendo en marcha una solución liberal a un problema que la demagogia petro-populista le había creado. En este caso, ellos olvidaron las etiquetas y la retórica ideológicas y actuaron con eficiencia. Eso es algo que se debe aprender.

© http://www.columnistas.net

One Response to “¿Otro Gasolinazo? Aprende de Irán”

  1. Victor Hugo Alfaro Says:

    Roberto, este es un tema pendiente, y tu análisis muy bien planteado. Ojala lo tomaran en cuenta los que hoy gobiernan el país.

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