Revisión técnica

A las 10 de la mañana ya he comprado un extinguidor de incendios de un kilo, un botiquín cuyo contenido ignoro y un triángulo de señalización de emergencia. He revisado cinco veces los papeles y tengo todo listo y con doble fotocopia. En el puesto de la plazuela Marcelo Quiroga hay una larga cola de vehículos de servicio público así que busco mejor suerte en la Av. América. Son solamente veinte carros delante mío así que estaciono y espero.
Pasada media hora la fila apenas se ha movido y se acumulan los vehículos hacia atrás. La cola ya es de dos cuadras. Me acerco a la caseta para averiguar por qué demora tanto la inspección cuando un vehículo sale y debo volver a la fila, no vaya a ser que alguien se avive y se cuele. Pasan largos minutos y vuelvo a la caseta. Sentada en la puerta una señora me dice que tenga paciencia, que ella está desde las 8 de la mañana. Parece que “el sistema no funciona”. Dentro de la caseta están tres funcionarios mirando fijamente la pantalla de una laptop. Pregunto si hay algún problema pero no se dignan levantar la mirada. Me acerco entonces a otras víctimas que, como yo, esperan la revisión técnica de su vehículo y uno nos informa que el sistema está muy lento, que las fotografías de coche y acompañante tardan mucho en subir a la internet y que por eso todo se demora.
En ese momento me doy cuenta de que los pocos metros que avanzó mi fila no se deben a avances reales en la revisión sino al abandono de algunos impacientes que apenas llevaban tres horas en el lugar. Entonces comienzo a debatir conmigo mismo: abandono como ellos? O espero que otros abandonen y pueda avanzar algunos puestos? Camino a lo largo de la fila evaluando si habrá algunos que decidan irse pero es muy difícil. Me acerco a un grupo para saber cómo viven esta experiencia. Compartimos la resignada protesta. Al parecer, el único trabajo “respetable” es el de los funcionarios.
A las 11:30 hemos formado una pequeña comisión que se acerca a la caseta a ofrecer sugerencias. Disculpe oficial, tal vez podrían bajar la resolución de las fotografías para acelerar los envíos y evitar que el sistema se les cuelgue. O este señor que es ingeniero de sistema podría ver qué pasa con su conexión. O podría realizar la inspección y tomar las fotografías, dándonos un recibo para recoger la roseta mañana, o pasado. O tal vez… Pero las respuestas son siempre negativas. No señor, no se puede, tiene que tener paciencia nomás. No podemos dar fichas, ni postergar, ni dejar que ninguno de ustedes entre a tocar la laptop. Así que esperen nomás.
El que menos lleva ya invertidas dos horas de su tiempo en el lugar y no hay posibilidad alguna de que volviendo otro día mejoren las cosas. De manera que no tenemos otra opción que seguir esperando.
La sensación de que no somos considerados dignos de ninguna consideración es compartida entre todos. Hemos dejado el trabajo, algunos perdiendo negocios y otros perdiendo vacaciones, pero estamos todos ahí, bajo el sol de este verano indeciso, a merced de tres funcionarios que, por ahora, saben que son dueños absolutos de nuestro tiempo y nos lo hacen saber dejando que se escurra en esa acera.
A las 12:15 logramos que nos informen que atenderán sólo hasta ese autito blanco porque tienen que almorzar. De todos modos tenemos que esperar hasta que el autito blanco se vaya con su roseta para mover la fila y dejar los autos haciendo cola. Los funcionarios volverán a las 2 de la tarde. Algunos se quedan.
En las tres horas que estuve en la mañana atendieron a 15 vehículos. La revisión técnica propiamente dicha toma más o menos dos minutos. Verifican que los los números de motor y chasis coincidan con los papeles, luego hacen un chequeo de las luces (altas, bajas, freno, retro, izquierda, derecha) y marcan el número de la placa en el extinguidor, el botiquín (tiene agua oxigenada, mercurio, gasas) y en el triángulo de emergencia. Luego toman una foto del auto y otra de quien lo conduce.
En ese momento me pregunto quién habrá importado esos implementos y qué buen negocio habrá hecho obligándonos a todos a portarlos. Los incendios son poco frecuentes en Bolivia y probablemente mucho menos en vehículos. Pero ahí están, en muchos puestos de venta que ofrecen el juego completo por 100 pesitos.
Hasta ese momento llevo pagados, además de la roseta valorada que me entregarán cuando todo concluya, unas multas sobre las que no ofrecen datos de cuándo se cometieron las infracciones ni quién fue el conductor, y ese juego de instrumentos obligatorios.
A las 2 de la tarde los funcionarios se desperezan del almuerzo y comienzan nuevamente su trabajo. Soy el quinto y me despachan a los 45 minutos. A esta hora de la tarde la internet debe estar funcionando más rápido que en la mañana. Miro con pena la cola que da vuelta al parque. La vagoneta que acaba de llegar se estaciona inútilmente pues, según mis cálculos, podrían atenderla en seis horas pero, para entonces, los funcionarios ya se habrán ido: “vuelva mañana”.
Me retiro con una roseta celosamente colocada por los mismos funcionarios (no confían en nosotros, claro está), seguro de que los frenos, las llantas, el sistema de suspensión, los cinturones de seguridad y todo aquello que protege a conductores y peatones funciona perfectamente. Un momento…

One Response to “Revisión técnica”

  1. Carl E. Brockmann Says:

    por que no se cambia el el sistema.. sino revisan nada… solo se ocupan de ver algo y si faltan piden una colaboracion… este sistema es obseleto.. por que no se hace como en EEUU que la revision se hace una vez por año correspondiendo las fechas en orden alfabetico… raro en la cola de la America no vi un solo taxi ni radio taxi…me comentaron que podria hacer la revision en determinados lugares pero el cobro era de bs. 100…

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