Seguridad y desarrollo

amenazaLa seguridad humana es un concepto que toma en cuenta la influencia que tienen las condiciones de seguridad ciudadana y personal en el desarrollo humano. La idea fundamental es que la falta de seguridad restringe las libertades de las personas y por tanto reduce su bienestar, imponiendo también costos que limitan el crecimiento económico.
La encuesta que Ciudadanía levantó en el marco del Foro Regional, un proyecto conjunto con CERES y Los Tiempos, nos muestra que la seguridad humana en Cochabamba es muy limitada. Casi un tercio de la gente ha sido víctima de los delincuentes en los últimos 12 meses. Esa proporción es mayor en las áreas urbanas y sobre todo en los grupos sociales de ingresos medios y altos.
Los más frecuentes han sido robos, y casi la mitad de ellos involucró algún grado de agresión, amenaza o violencia. Sólo la cuarta parte de las víctimas de delito presentó denuncia ante las autoridades. Y aquí es donde comienzan a revelarse los datos más preocupantes.
¿En qué justicia confiar?
La gente no acude a las autoridades policiales y judiciales porque, en su mayoría, cree que no servirá de nada. De hecho, la confianza en los tribunales de justicia es la más baja, logrando una calificación promedio de 3,08 (sobre 7), que es aún peor cuando se aíslan las respuestas para el área urbana (2,9). Si esto no fuera suficiente para alarmarse, los encuestados dan una mayor calificación de confianza a la “justicia comunitaria” (3,84).
Esto es sorprendente si consideramos que en los últimos años se ha impulsado una reforma del sistema judicial presentada como pionera por la conformación de los tribunales en base al voto directo.
Las consecuencias de este nivel de inseguridad son múltiples. Por ejemplo, la mitad de los entrevistados dijo que tendría un arma si pudiera, lo que a su vez sugiere que vamos hacia un nivel de desintegración social muy peligroso, porque la gente se inclina a hacer justicia por mano propia. No puede sorprender la frecuencia con que se producen linchamientos, que representan penas extremas y desproporcionadas al delito supuestamente cometido, y que en muchos casos castigan a personas inocentes que no tuvieron oportunidad de defenderse.
La inseguridad y el cambio
La encuesta permite observar otras consecuencias notables en el comportamiento de la gente, que a su vez tiene efectos sobre el resto de la sociedad. Un 53% ya ha limitado los lugares de compra por temor a la delincuencia. Esa proporción sube al 61% en las áreas urbanas, donde el comercio es más intenso y por tanto esto tiene efectos mayores. Y es también mucho mayor (70%) en quienes han sido víctimas de delito. Es claro que, de aumentar la inseguridad, esta proporción seguirá aumentando y por tanto afectando a los comerciantes y a los propietarios de locales comerciales.
Por miedo a la delincuencia una proporción similar (52,6%) ha dejado de salir de noche y un 46% ha limitado sus hábitos de recreación. La gente no solamente cambia lugares de compra y fiesta sino que llega a cambiar de residencia: el 18% de los cochabambinos se ha trasladado por miedo a los delincuentes, siendo también más alta esa proporción en las ciudades (20,4%). Esto tiene costos para las familias y modifica los precios de los bienes inmuebles, aumentándolos allá donde se percibe que hay mejor protección, y bajándolos donde se siente más inseguridad. Y aumenta el costo de vida porque también se tienen que dedicar tiempo y dinero a la protección. Más de la mitad de los cochabambinos ha buscado establecer algunos mecanismos de protección basados en la organización grupal, y el 22% aproximadamente realizó gastos adicionales en su vivienda para mejorar su seguridad (muros más altos, rejas, alambres, alarmas, etc.). Este tiempo y este dinero ciertamente estimulan algunas actividades de servicio y comercio, pero sobre todo restan recursos a la actividad productiva.
Libertad amenazada
En síntesis, la encuesta muestra una situación muy preocupante, de altos niveles de inseguridad y miedo, pérdida de confianza en las instituciones públicas encargadas de su protección, y un continuo sacrificio de sus libertades individuales, que a su vez se refleja en una creciente disposición a asumir o tolerar actos de violencia, autoritarismo y abuso si con ello se reprime el delito. Lo grave es que esto rara vez ocurre, y por el contrario se va acelerando una espiral de inseguridad y desintegración social que se hace cada vez más costosa para la gente y más difícil de detener.

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