Redadas, rompemuelles y fotocopias

El país se sumerge poco a poco en el pantano de la desconfianza. Las redadas, los rompemuelles y las fotocopias son indicadores superficiales de ese proceso que nos carcome por dentro.
En casi todos los trámites que hacemos, sobre todo en entidades públicas pero cada vez mas también en entidades privadas, nos piden fotocopia de nuestro documento de identidad. Con frecuencia, debemos firmar en la fotocopia y, en no pocas ocasiones, nos piden además poner también la huella digital. Lo que esto indica claramente es que no basta mostrar el documento al funcionario, él no confía en nosotros y nos pide firmar la copia, y tenemos que darle la fotocopia porque sus superiores, claro está, tampoco confían en la funcionaria. Sabe que en cualquier momento le obligarán a demostrar que la persona que hizo el trámite era quien dijo ser. No creerán en su palabra, ni bajo juramento.
Esta situación llega al extremo cuando nos apersonamos a una notaría y nos piden hasta las huellas digitales de los dos pulgares. En este caso, se pone en entredicho la honestidad de la persona a cargo de la notaría, a pesar de que su función es, precisamente, dar fe pública de la personalidad y voluntad de quienes realizan trámites en esa oficina. Por algo se llama Notario de Fe Pública ese funcionario. Pero con las normas actuales lo que se demuestra es que no hay tal fe pública y todos caemos bajo sospecha de ser mentirosos y estar siempre dispuestos a engañar a los demás.
Por eso también en muchas ocasiones, además del carnet de identidad, nos piden presentar el certificado de nacimiento computarizado, con lo que la desconfianza se extiende a los propios organismos gubernamentales encargados de registrar la identidad de los ciudadanos.
Los rompemuelles son otra evidencia de la desconfianza que nos corroe. Quien los siembra en cualquier calle o avenida expresa desconfianza absoluta en la prudencia y capacidad de los conductores. Están seguros de que, sin los rompemuelles, se lanzarán como suicidas en las esquinas o masacrarán con sus ruedas a los niños que salen de un colegio. La desconfianza, obviamente, no se dirige solamente a los conductores, también a quienes los controlan, desde el momento de otorgarles la licencia de conducir, hasta el momento de vigilar su comportamiento y castigar su imprudencia. Sí, los rompemuelles muestran también la desconfianza en la propia policía de tránsito, que no logra que se respeten ni siquiera los semáforos, y por ello en muchos casos los refuerza con rompemuelles. Así de dramática es la situación, porque además hay razones evidentes para esa desconfianza pues, sin esos objetos agresivos en las calles, muchos conductores las convertirían en pistas de carrera. Pero, otra vez, la cuestión va más allá: ¿quién les dio a esas personas vehículos sin conocer las reglas de tránsito? ¿Y licencia de conducir? ¿Por qué la falta de responsabilidad de esas personas ha de castigar a los demás?
El rompemuelles como síntoma de desconfianza nos prueban la gravedad de la situación en la rapidez con que se multiplican y la agresividad de sus formas: son cada vez más grandes, más cercanos unos a otros y en muchos casos más duros, llegando a emplearse como rompemuelles unos pequeños cubos de plástico que en cualquier lugar del mundo solamente se usan para marcar zonas y orientar rutas.
Y ahora han aparecido las redadas. En cualquier momento y lugar puede ser que uno sea detenido para mostrar documentos, permitir una inspección, responder a un interrogatorio. También en este caso somos tratados como sospechosos “de alguito” y obligados a someternos a una acción arbitraria que restringe, así sea momentáneamente, nuestros derechos. Si uno está apurado o muestra desagrado no hace más que aumentar la desconfianza del policía o militar, por lo que terminamos callando y aceptando una actitud que marca nuestra vulnerabilidad y vulnera nuestros derechos. Derechos humanos, como la presunción de inocencia, por ejemplo.
Las autoridades justifican las redadas mostrando lo que pescan en ellas: licencias caducas, falta de llantas de auxilio, o de alguno de los muchos registros de inspección que inventan cada día. Lanzando las redes algo siempre pescan, pero el costo lo pagamos todos.
Seguramente podemos identificar otros síntomas similares a las redadas, los rompemuelles y las fotocopias, confirmando la preocupación fundamental que quisimos plantear en estas notas: la pérdida de confianza.
Al comenzar esta nota la calificamos como un pantano en el que nos sumergimos, y no es una comparación gratuita. La falta de confianza limita considerablemente nuestras opciones y capacidades de interacción, haciendo que todo sea más lento y engorroso. Esto tiene, por supuesto, efectos directos sobre la economía y el bienestar. No solamente los costos de establecer relaciones con los demás se hacen cada vez más altos, sino que incluso pueden inhibirse por completo. Si no hay confianza en un socio o en un posible cliente o proveedor, y tampoco hay mecanismos que garanticen el cumplimiento de los tratos, intentamos hacer solos lo que podíamos hacer con otros, aunque no seamos eficientes para ello, o simplemente dejamos de hacer lo que deseábamos. La confianza es la que permite y estimula la interacción social y la cooperación. No sería exagerado afirmar que la prosperidad de las sociedades está basada en la confianza. Perderla es, por ello, perder la oportunidad de ser mejores. Cuando te pidan la fotocopia de tu carnet, cruces un rompemuelles y te enfrentes a una redada, piensa en ello y en lo que nos está llevando a desconfiar del otro.

One Response to “Redadas, rompemuelles y fotocopias”

  1. Dolph Inn (@Dolph_inn) Says:

    Muy ilustrativo el artículo. Me gustaría explicar que estos hechos son producto del tipo de colonozación que hemos tenido los latinoamericanos. La colonización anglosajona partía del protestantismo, doctrina que se opuso a “cosas escritas” como eran las indulgencias. En cambio nuestra colonización católica la que otorgaba el paraíso con “cosas escritas” se plasmaba una creencia en que lo escrito y mejor diez veces escrito y refrendado con sellos sería equivalente a una garantía. De ahi que el desarrollo de los paises de creencias protestantes se han desarrollado mucho más rápido comparado a los que no son protestantes. No está demás decir que en los billetes de dólar se lee “In god we trust”, un hecho de fé en todo. Los faltos de fé como nosotros tenemos que burocratizar lo indecible y ni así tenemos confianza en nadie. Lastimosamente una ideología protestante frente a una católica es en suma la causante de este estado de cosas.

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