Renta Dignidad para todos

dadogalvaoCuando Sánchez de Lozada estableció el Bonosol o Bono de Solidaridad, en 1997, estuve entre quienes se opusieron a esa manera de distribuir dinero en efectivo. Hoy estoy entre los muchos que apoyan a su sucesora, la Renta Dignidad. No fue el discurso ni la ideología los que me cambiaron, sino la realidad. No hay ninguna política más eficaz para estimular el crecimiento y reducir la pobreza.
En 1997 se pensó que el Bonosol era parte de una estrategia electoral que buscaba comprar votos mediante la entrega de dinero a los adultos mayores. Incluso en el mismo MNR muchos lo creyeron así y plantearon distribuir el dinero en sobres rosados o a través de libretas de ese color. El Presidente rechazó esas intenciones y mantuvo el Bonosol, al que consideraba una compensación a quienes habían contribuido a levantar las empresas estatales, y que posiblemente ya no podrían beneficiarse de los frutos de la capitalización.
En el año 2005 se percibía claramente el ascenso del estatismo, con su clásica fe en el industrialismo político. Para entonces ya se conocían algunas evaluaciones sobre el Bonosol así que las reunimos, conversamos con los autores y pedimos a otros colegas que completaran el análisis desde otras perspectivas. El resultado fue publicado del libro “La Inversión Prudente” que, con datos, demostraba que el dinero destinado al Bonosol era precisamente eso: una inversión administrada con prudencia por los adultos mayores.
Al poco tiempo, en vez de suprimir el Bonosol, el Presidente Evo Morales lo amplió a los mayores de 60 años, aunque cambiándole el nombre a Renta Dignidad, y modificando la fuente de financiamiento. Ha pasado nuevamente el tiempo y nos encontramos frente a una nueva evaluación, esta vez a cargo de un equipo técnico de alto nivel que trabajó para Udape sobre la base de una encuesta a más de mil hogares. El documento titula “El impacto de la renta Dignidad: política de redistribución de ingreso, consumo y reducción de la pobreza en hogares con personas adultas mayores” y estuvo a cargo de Federico Escóbar Loza, Sebastian Martinez y Joel Mendizábal.
Esta evaluación compara a dos grupos de hogares de similares características. En un grupo están los hogares que tienen por lo menos a un adulto mayor y el otro, de control, no lo tiene. Aplicando un método econométrico de regresiones discontinuas, se estima y cuantifica el impacto de la Renta Dignidad. Los resultados son sorprendentes. La Renta Dignidad se asocia a un aumento del ingreso y del consumo per cápita superiores al 15%, y a una disminución de más de 13 puntos porcentuales en la pobreza monetaria. No creo que exista ningún programa de gasto público que sea tan eficaz, por estos resultados, y también por la rapidez con que han sido alcanzados.
Para describirlo en otras palabras. Cuando un anciano recibe su Renta Dignidad de 140 bolivianos al mes, la familia recibe un impulso que le permite aumentar el consumo de cada uno de sus miembros en 154 bolivianos. Considerando que el tamaño promedio de los hogares es de 3,5 personas aproximadamente, el efecto multiplicador directo de la Renta Dignidad sería de casi 5 veces. Aunque el estudio de Udape no lo hace, podría deducirse que ese impacto positivo se disemina hacia el conjunto de la sociedad, pues esos mayores niveles de ingreso y consumo en los hogares con adultos mayores representan mayor demanda de bienes y servicios en todos los mercados, los que dan estímulo al crecimiento de la economía y el empleo.
Bastaría comparar estos resultados con los obtenidos con otras formas de gasto público para concluir que lo más inteligente y apropiado sería ampliar la Renta Dignidad de manera que alcance a más hogares en el país. Por ejemplo, podrían suspenderse los subsidios a los hidrocarburos y usar ese dinero para dar Renta Dignidad a todas las madres de familia, o a las mujeres mayores de 30 años. Ampliar la Reta Dignidad a las mujeres comprendidas entre los 30 y los 60 años requeriría menos de 350 millones de dólares al año. Y ellas también sabrían hacer de esa renta una inversión prudente y muy rentable para el país, pues ya se ha comprobado que son muy cuidadosas en el manejo de los presupuestos familiares, además de tener un compromiso vital con las próximas generaciones.

(La foto es de Dado Galvao)

6 Responses to “Renta Dignidad para todos”

  1. Rafoval Says:

    Interesantes conclusiones. Iamgino que sus sugerecias se refieren a las llamadas Transferencias Condicionadas en Efectivo, TCE puestas en practica por Santiago Levy en Mexico y Cristovam Buarque, en el Brasil – , modelo que consiste en dar a los más pobres dinero en efectivo con la condición de que lleven a cabo acciones que ayuden a la siguiente generación: . En el “Oportunidades”de México por ejemplo, las familias obtienen dinero si mantienen a sus hijos en la escuela, hacen visitas periódicas al médico y asisten a talleres de salud .

    • Roberto Says:

      La Renta Dignidad en Bolivia es una transferencia en efectivo pero no condicionada. Tiene alcance universal y el único requisito es ser ciudadano boliviano y haber cumplido los 60 años. Se paga en una o en 12 cuotas.
      Todas las transferencias condicionadas tienen éxito, menos por la condición que por la transferencia en sí. Las condiciones suelen servir más bien para acotar el universo y para darle justificación política a la transferencia.

  2. pedroestrada Says:

    El principal problema es la sostenibilidad. El Bonosol se financiaba con las utilidades de las empresas capitalizadas. El Bono Dignidad se financia de múltiples fuentes, como el IDH, las utilidades de algunas empresas nacionalizadas, el TGN y otras.

    En mi opinión, no se puede garantizar la sostenibilidad del Bono Dignidad, en base a las fuentes de financiamiento citadas. Tampoco se podía garantizar la continuidad del Bonosol, pero la situación actual es más precaria, ya que las fuentes de financiamiento, corresponden a recursos administrados íntegramente por el Estado. Ese Estado clientelista, burocrático y corrupto que todos conocemos, que destruye una enorme cantidad de recursos en Gasto Corriente y Subsidios. En otras palabras, un Estado con las prioridades trastocadas.

    En gestiones recientes, se ha registrado un descenso gradual de ingresos por concepto del IDH y precisamente es el sector de hidrocarburos, el que más recursos aporta al pago de las pensiones no contributivas. También es evidente, que a partir de la nacionalización poco y nada se ha hecho en términos de inversión (Pública y Privada) para desarrollar nuevas reservas o incluso, para asegurar la continuidad de los mercados existentes, por ende, el financiamiento del Bono Dignidad, es al menos incierto. Así mismo, el mercado interno de hidrocarburos es subsidiado y dependemos de un mercado externo, cuyos precios y demanda no controlamos. Todo esto, sumado a una deficiente administración del sector hidrocarburos, tanto a nivel operativo como estratégico, nos coloca ante un panorama incierto.

    En este escenario, es muy posible que a mediano plazo no exista otra alternativa que incrementar la presión fiscal, para poder financiar, entre otras cosas, las pensiones no contributivas, con el consiguiente efecto sobre el consumo, claramente contrario al impacto del Bono Dignidad, en una suerte de suma cero, respecto de la demanda agregada.

    • Roberto Says:

      Coincido con el análisis. Mi respuesta es que esta renta debería ser variable y sujeta a los ingresos de renta que se reciba por la explotación de recursos naturales. Y que la gente sepa que esa es la fuente, que aumentará si aumentan los precios o las exportaciones, y disminuirá cuando bajen, hasta desaparecer si así fuera. Eso reduciría la presión que surge cuando se cree que se trata de una dádiva gubernamental. Yo la postularía como un derecho ciudadano a las rentas de sus recursos.
      Casi siempre se me contra argumenta con la idea de que si desaparecen, habremos despilfarrado los recursos. Yo creo que no. El crecimiento que estimula un mercado tan amplio y diverso es la base de una estructura productiva más compleja y fuerte. Cuando esas rentas desaparezcan, la economía habrá alcanzado ya un nivel superior de desarrollo.

  3. iphone wallpapers Says:

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  4. Pablo Says:

    Intuitivamente, sirve más tener una transferencia anual relativamente “grande” o varias pequeñas mensuales? No funcionaba el BONOSOL como un capital de trabajo especialmente para el sector rural, mientras que la Renta Dignidad es más fácilmente diluible en el ingreso familiar total? Me pregunto……

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