Fiesta con plata ajena

20130118-money-waveEl gobierno ha dispuesto el pago de un segundo aguinaldo a los obreros y empleados del país, con el argumento de que es necesario premiarlos por su contribución al crecimiento del PIB en más de un 4.5% en el año. Por lo menos es así que se justifica la decisión en los considerandos del decreto 1802. Las explicaciones del oficialismo insisten en que la economía boliviana está viviendo un momento excepcional y que es justo compartir el éxito.

Estas son ideas fuertes y atrayentes. Bolivia sin duda vive una bonanza extraordinaria. Lo curioso es que el decreto implica que el gobierno reconoce que sus políticas no han logrado llevar esa bonanza a todos. Esto es cierto y por eso hay creciente frustración en la gente. El gas no se lo llevan las transnacionales ni sale por Chile, como dice el discurso, pero igual sale y todavía no se ve lo que nos deja. El doble aguinaldo, que resucita el Bono Patrótico del banzerismo, instituido con argumentos parecidos, muestra el deseo de enfrentar esa insatisfacción. Pero refleja un pensamiento económico elemental y una ética egoísta preocupante que, además, deja sin resolver el problema que se plantea.

Veamos cada uno de estos aspectos.

El carácter elemental del pensamiento económico salta de inmediato cuando uno se pregunta ¿por qué eligieron el 4.5% como parámetro? Pudo haberse escogido el 3% que ya supera el crecimiento poblacional, o pudo plantearse el 6% que se convertiría así en una meta más difícil de alcanzar y por ello más provocadora del esfuerzo laboral. El 4.5% es una referencia caprichosa.

Además, al tratarse de un promedio, esconde enormes desigualdades. El PIB no creció igual en todos los sectores. En unos fue mucho más, y en otros menos. Por ejemplo, se creció por encima del 20% en hidrocarburos, y menos del 3% en agricultura. Y si de premiar esfuerzos se trata, ya el mercado tiene mecanismos para hacerlo, dando empleos mejor remunerados y con más seguridad a los trabajadores más productivos, y permitiendo mejores rendimientos sobre su capital a los empresarios más creativos y audaces. En los hechos, si el PIB este año creció en ese promedio superior al 4.5% no fue porque los trabajadores se hubieran esforzado más, mejorando su productividad y su tiempo de dedicación. Lo hizo porque los compradores externos pagaron más por nuestros recursos naturales. En eso nada tuvieron que ver ni los trabajadores ni las políticas públicas de este gobierno. Su mérito es igual al de los jubilados o de los estudiantes, es decir, ninguno. Festejemos la abundancia de nuestros recursos y los precios que ellos alcanzaron, porque se trata de buena suerte.

Una suerte que ha sido más buena para unos que para otros. La bonanza ha beneficiado sobre todo al gobierno, que lleva varios años cerrando cuentas con superávits, acumulando ahorros en el sistema financiero y con creciente desesperación para ejecutar presupuestos que exceden incluso su imaginación. Esto es lo que permite hablar de una ética egoísta. Porque si el gobierno quiere que el pueblo comparta la bonanza, lo que debería hacer es entregar esos recursos a la gente, es decir, a sus legítimos dueños. Pero no, lo que pretende es dedicarlos sólo a sus empleados, y que el resto del país se las arregle por su cuenta. Los privados enfrentando a sus trabajadores y el dilema de mantenerlos o despedir a una parte de ellos, y los informales y jubilados, los campesinos y las amas de casa, como siempre, mirando desde los márgenes.

Esta rápida referencia a los beneficiarios del decreto muestra, finalmente, que el problema de compartir el éxito se quedará sin resolver. No solamente porque parte del costo se lo imponen a las empresas, pese a que muchas de ellas enfrentan situaciones difíciles derivadas de la misma bonanza (por ejemplo, las que compiten con importaciones traídas con dólar barato), sino porque más del 70% de los trabajadores quedan excluidos, independientemente de su “rol contributivo y participativo”. Por lo visto, el Estado Plurinacional no alcanza para todos.

El gobierno resolvería fácilmente el problema pagando el aguinaldo de manera directa e individual con los recursos públicos que se han acumulado y que no han sido ejecutados en los últimos años. Eso sí sería compartir la bonanza, dándole a la gente lo que en verdad le corresponde: el dinero que generan sus recursos naturales. El resto es demagogia.

3 Responses to “Fiesta con plata ajena”

  1. Guille Mendizabal (@guichitos) Says:

    Creo que de nivelador no hay nada en el decreto. Entre uno que gana 10.000 y uno 1.200 la diferencia es ahora el doble.

  2. Ben Zambrana Says:

    I am certain that if this bonanza that the Morales Government has revealed were to happen during prior administrations, it would be gone into the pockets of prior dictatoships or governing elites, and the people would get nothing.

  3. Ramiro Sánchez Says:

    Ser un empresario “creativo y audaz” no es lo único que se necesita para tener altos rendimientos. También influyen los contactos, que a algunos les vienen dados desde la cuna, y el acceso a la información, que por muy audaz y creativo que seas, se te viene negado si no tienes o has tenido ciertas condiciones iniciales. Son este tipo de factores (hay más…) los que el mercado no es capaz de regular en plazos a escala humana. Creo yo.

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