¿Y si lloviera dinero?

imageHace ya tiempo que insisto con la propuesta de distribuir las rentas de recursos naturales a la gente de manera directa e incondicional. La razón es sencilla: le pertenece. Pero con frecuencia me dicen que eso no solucionaría nada y, apelando a un viejo refrán supuestamente chino, afirman que no hay que darle pescado al hambriento, sino una caña, y enseñarle a pescar. La idea es que se comen el pescado y vuelven a la situación anterior, en tanto que con la caña pueden pescar algo nuevo cada día.
La solución, sin embargo, puede ser mucho más sencilla: darle el dinero y ya verá si se compra una caña de pescar, una red o un bote, o si prefiere comprar gallinas y dedicarse a otra cosa.
Detrás de este juego de imágenes, sin embargo, hay algo más profundo. La opción de la caña es la de los organismos internacionales, los estados y las ongs, que no solamente creen tener la solución (pescar), sino que creen que es más eficiente retener el dinero y entregar solamente su sabiduría (enseñar a pescar). En cambio, la opción que yo prefiero es la que reconoce que no hay nada predeterminado en el dinero por lo que el disponer de él amplía enormemente las posibilidades del receptor, permitiéndole elegir la opción que se acomode mejor a sus necesidades, criterios y aspiraciones. La persona decide y asume las responsabilidades y consecuencias de su decisión.
Hace unos días compartí por este medio la experiencia de los Cherokee de Carolina del Norte, que distribuyen en efectivo e individualmente las rentas que reciben como grupo, y han resuelto muchos de los problemas que tenían. La experiencia no es única. El Banco Mundial incluso ha editado todo un libro sobre las transferencias en efectivo, encontrando que todas son exitosas desde el punto de vista de la gente, además de ser mucho menos susceptibles a la corrupción, el despilfarro y la ineficiencia.
En todos estos casos, sin embargo, hay un aspecto común: las transferencias tienen un origen conocido y una explicación. Provienen de recursos naturales, de donaciones, de ingresos específicos y están en cierto modo sujetas a la vigilancia de una entidad con poder. ¿Qué pasaría si de pronto el dinero lloviera del cielo, sin explicación ni condición alguna, sobre los pobres? ¿Serían prudentes? ¿Lo malgastarían? ¿S lo beberían en farras celebratorias?
Ya tenemos una respuesta a estas preguntas. Una organización creada por estudiantes de post grado de Harvard y el MIT, alentados por el Prof. Paul Niehaus, ha puesto en marcha un programa de donaciones directas a los pobres, GiveDirectly.org. Hastiados de las limitaciones de la intermediación burocrática, ellos quisieron demostrar que era posible llegar directamente a los pobres. En sus dos primeros años llegaron a 732 familias con 348 mil dólares, a un promedio de 471 dólares por familia. No lo hicieron con el ánimo de experimentar, pero lo que han hecho ha sido un experimento verdaderamente fascinante.
La organización escogió una de las zonas más pobres de Kenya y un buen día empezó a hacer llegar dinero a la gente, sin explicación alguna de su procedencia o finalidad, ni información que pudiera orientar su uso y destino. Aunque unos meses antes hicieron correr el rumor de que pondrían en marcha el programa, pocos la conocían y menos la creían. La gente pensó al principio que se trataba de un error, de una campaña política o de una trampa. Pero algunos pronto descubrieron que el dinero era válido y empezaron a gastarlo. Unos recibieron una suma global, otros recibieron cuotas en plazos que les permitieron ajustar y planificar sus gastos. Para muchos fue el equivalente al ingreso de todo un año. Como en ese país el dinero electrónico es muy común, se lo distribuye a través de los celulares. Una mañana la familia encuentra que su cuenta tiene más dinero que el que jamás había pensado, que es íntegra e incondicionalmente suyo. A gastarlo pues!
A los dos años de iniciado el programa una institución independiente realizó una evaluación de impacto para determinar cuáles habían sido los efectos de esta lluvia de dinero en esa zona de Kenya. El estudio ha sido publicado por Johannes Haushofer y Jeremy Shapiro. Ellos encontraron que el patrimonio de los que habían recibido el dinero había aumentado en un 58%, sobre todo en inversiones en ganado y mejoras de vivienda. Se habían desarrollado pequeños negocios con rendimientos superiores al 28% anual. Los gastos de las familias se incrementaron en todos los rubros, con excepción (anote) de tabaco, alcohol y juegos de azar. Mejoró la seguridad alimentaria al reducirse en un 42% el número de días que los niños pasaban sin comida. Y mejoró la salud mental al reducirse la ansiedad y la depresión de la gente. El estudio no encontró evidencia de efectos sobre el crimen, el conflicto o la inflación.
Seguramente no hay una experiencia similar en el mundo. Es, en muchos sentidos, extrema. Por ello mismo, su validez puede ser mayor. Los escépticos no pueden cargar el mérito a las condiciones de la transferencia ni al entorno en que ella ocurre. Tampoco a los programas de capacitación o concientización. Todo el mérito recae en la propia gente que, al recibir una oportunidad, la aprovecha. Con este experimento los argumentos de que la gente farreará el dinero fácil o lo desperdiciará en tonterías queda como lo que es, un pretexto para mantener control y despreciar la fuerza productiva de la libertad. Esta es la fuerza que podemos desatar si nos decidimos a distribuir las rentas del gas entre todos los bolivianos.

5 Responses to “¿Y si lloviera dinero?”

  1. Gonzalo Flores Says:

    Hay otros argumentos más a favor de la distribución directa: a) con los sistemas actuales, los Gobiernos son los que retienen toda la posibilidad de equivocarse en el uso del dinero, y de hecho lo hacen; b) la suma de los despilfarros de los pobres no puede ser mayor a la suma de los despilfarros por los Gobiernos (sin mencionar que con frecuencia éstos usan su mayor liquidez para contratar más deuda que la que tenían y llegar a una situación peor que la que había antes del boom de precios). Roberto, felicidades y gracias por insisitir tanto.

  2. Miguel Says:

    Me parece interesantisimo, pero podemos generalizar y pensar que esta experiencia es replicable en otra sociedad? Sin duda existen diferencias culturales que afectarán el resultado del “experimento”.

  3. Santiago Daroca Oller Says:

    Qué gran artículo Roberto! Si bien vienes repitiendo la idea durante años como dices, los argumentos siempre son nuevos claros. En el tema mismo, cuánto se ahorraría además en el costo de la intermediación!

  4. Roberto Says:

    Gracias. Es verdad, corro el riesgo de cargosear con el tema pero como dice la sabiduría popular, la gota horada la piedra.

  5. Luis Azurduy Says:

    Definitivamente interesante. El estudio de caso de Kenya anota que no hubo inflacion? Acaso no habrian presiones inflacionarias si de pronto hay mas plata en los bolsillos de la gente?

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