El voto en Bolivia: ¿Obligatorio o voluntario?

(8)VENEZUELA-CARACAS-POLITICA-ELECCIONESDesde la Constitución de 1861, la participación política, como elector o elegible, es considerada la expresión fundamental de la ciudadanía. El derecho a acceder a una función pública es también parte de la condición ciudadana. Por lo tanto, ésta se adquiere mediante el nacimiento o la nacionalización, y la edad, salvo restricciones que sean definidas por ley. Hubo un tiempo en que entre esas restricciones estaba el sexo, la educación y la disponibilidad de un patrimonio o un empleo, pero éstos fueron siempre tratados como asuntos accesorios. Lo fundamental del ser ciudadano se condensa en el voto.
El voto no es solamente un derecho sino también una obligación.

No fue siempre así. Hubo un tiempo en que las elecciones eran indirectas, y los ciudadanos se reunían para elegir a los electores –por decirlo así- y recién éstos consideraban las candidaturas a diputados y senadores, y eventualmente Presidente. Pero al instituirse el voto universal se enfatizó la concepción participativa de la democracia que aún rige, y en la reforma constitucional de 1961 se definió la obligatoriedad del voto. Esto se ha mantenido hasta la actual Constitución, lo que explica que, además, las autoridades hagan todo lo posible para facilitar el cumplimiento de esa obligación (fijando las elecciones en día no laborable y tratando de eliminar distracciones como fiestas o espectáculos públicos), y también para imponer sobre el ciudadano la coerción que lo lleve a las urnas (multas y sanciones si no lo hace).
En muchos países el voto no es una obligación. En Chile, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, España y Canadá, para citar algunos países, el voto es voluntario. Por supuesto, hay siempre preocupación sobre la indiferencia o compromiso de los votantes, y no faltan quienes propongan hacer del voto una obligación. En su rechazo se plantea el argumento de que el ciudadano debe tener también la libertad de no elegir y, aún más, que es más eficaz para la democracia que participen de ella solamente los que tienen el interés, el conocimiento, el entusiasmo y el compromiso para tomar decisiones políticas. Obligar a votar a los indiferentes o a quienes no conocen ni candidatos ni programas, dicen, distorsiona la voluntad colectiva y genera datos falsos para la legitimidad de los elegidos.
Teniendo en mente ese debate, la encuesta del Foro Regional (Ciudadanía-Los Tiempos y CERES) planteó la pregunta de si votar “no debería ser obligatorio sino voluntario”. La respuesta mayoritaria, llegando al 63% de los encuestados, es de rechazo a la obligatoriedad del voto. Esta proporción es más alta entre las mujeres (66%) que entre los varones (59%). Hay también diferencias entre las ciudades. El apoyo a la obligatoriedad del voto es mayor en La Paz (45%) y mucho menor en Cochabamba (31%).
En este tema se expresan también inclinaciones autoritarias. Por mucho que se afirme que lo que está en juego es la elección de los gobernantes, obligar a la gente a participar es quitarle el derecho a no hacerlo y, por tanto, restringir su libertad. Desde este punto de vista, se diría las mujeres son menos autoritarias que los varones, y los cochabambinos y cruceños lo son menos que los paceños.
Esta dimensión política se verifica con otros datos. Quienes priorizan la libertad como valor político respaldan más la voluntariedad del voto (65%) y también lo hacen quienes consideran que lo fundamental de la democracia es el respeto a la ley o el estado de derecho (69%).
Al establecer la obligatoriedad del voto los legisladores tenían la intención de fortalecer la democracia, pero dentro de una visión restringida de la misma, la de participación política. En esa visión, la democracia se reduce al sufragio y por tanto se la considera más vigorosa cuanto más amplia sea la participación electoral. Pero la obligatoriedad infla las cifras, escondiendo los problemas que pueden surgir del bajo compromiso del votante, del escaso conocimiento de los candidatos o sus programas, o del entusiasmo que arrastra a los menos informados hacia decisiones efímeras de apoyo o rechazo.
La democracia necesita de ciudadanos bien informados y que emitan su voto conscientemente y a sabiendas de que el mismo conlleva un compromiso político. Más que eso, necesita de una definición de ciudadanía que vaya más allá del sufragio y que incluya, sobre todo, el cumplimiento de obligaciones como condición para acceder a los derechos.

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