Salarios o inversiones?

El gobierno ha logrado un acuerdo salarial con la COB. Este incluye un aumento del 15% en el mínimo y de 8.5% a la masa salarial. Contra toda buenasalarioreal intención, sin políticas complementarias, este acuerdo puede resultar dañino para los trabajadores y para la economía nacional.
Considerando el prolongado y notable ciclo de bonanza económica que hemos estado viviendo y el persistente aumento del salario mínimo, uno podía suponer que la capacidad adquisitiva de los trabajadores había mejorado sustancialmente. Basta caminar por los mercados para darse cuenta de que hay más consumo y de mejor calidad.
Pero los datos muestran que, en realidad, ocurrió lo contrario: los salarios reales promedio no aumentaron sino que descendieron en los últimos diez años. Este hecho contrasta con los 20 años previos, pues en ellos, aunque lentamente, el salario real sí había aumentado. En efecto, de acuerdo al INE, de marzo de 1996 a diciembre del 2004, la capacidad adquisitiva de los salarios, en promedio, había aumentado un 27.8 por ciento. Pero a partir de ese momento comenzó a descender, llegando a su nivel más bajo del periodo reciente en diciembre del 2010, cuando los salarios medios habían perdido casi un quinto de su valor adquisitivo. Desde entonces han recuperado algo pero a junio del 2013 todavía estaban casi un 10 por ciento por debajo del 2004.
Un reciente boletín de la Fundación Milenio (el 261) explica por qué el salario real promedio bajó mientras el mínimo subía, y en qué medida esta decisión política influye en ese fenómeno económico. Me parece importante, ahora, aprender algo de la lógica económica con el fin de diseñar políticas que contribuyan verdaderamente a mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores.
Los datos muestran con bastante claridad que no basta el crecimiento económico para que mejoren las condiciones de vida de los trabajadores. De hecho, las tasas de crecimiento desde el 2005 son mayores que las del periodo previo. La primera conclusión es que hay distintos tipos de crecimiento económico y que lo verdaderamente importante es lo que sucede en los sectores económicos que emplean la mayor cantidad de trabajadores. Nuestra economía ha crecido en los últimos años impulsada por la demanda externa, que no solamente absorbió una creciente cantidad de materias primas sino que pagó por ellas mucho más. Con ese dinero hemos aumentado nuestras importaciones, manteniendo un tipo de cambio estable y relativamente barato. Esto por supuesto beneficia al consumidor pero también daña poco a poco al productor, especialmente al pequeño productor de bienes y servicios que tiene mercados locales. A éste le ha sido cada vez más difícil competir con los importadores, por lo que dejó de realizar inversiones, empleó cada vez a menos trabajadores o, por último, se vio imposibilitado de pagarles mejores salarios.
Antes del boom exportador ocurría exactamente lo contrario. Exportábamos poco y por ello teníamos dificultades para importar bienes del exterior. Como al mismo tiempo las expectativas de consumo de la gente aumentaban, los productores se esforzaban para abastecer esa demanda e invertían, pagaban mejor a los mejores trabajadores y, cuando les iba bien, empleaban a más gente, compitiendo entre ellos para atraer a los trabajadores más productivos. Los salarios subieron y el mínimo resultó irrelevante, era apenas una referencia para cálculos de impuestos y pensiones.
Todo esto demuestra que la solución no siempre está donde se ve el problema. Una buena política de inversiones es más importante para los trabajadores que para los empresarios. Estos pueden llevar sus capitales al exterior con más facilidades que los trabajadores tienen para migrar. Pero si invierten en el país, competirán también para emplear trabajadores, pagándoles mejores sueldos cuanto mayor sea su experiencia y capacidad técnica. Los sueldos y salarios suben en términos reales, de poder adquisitivo, cuando las empresas invierten, crecen, ganan mercados y se hacen más competitivas.
El gran desafío es comprender por qué ahora, en plena bonanza, cuando los bancos tienen más dinero que nunca para prestar, las empresas no están ampliando su capacidad productiva y no están compitiendo para pagar más a los trabajadores. Éste debió ser parte de la negociación y debate entre los trabajadores, los empresarios y el gobierno. Es fácil subir el salario mínimo pues consiste en una decisión política. Pero si ella no toma en cuenta la lógica económica y es complementada con una adecuada política de estímulo a las inversiones, volverá a dañar a quien más se desea beneficiar.
El autor es investigador social

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