Referendos autonómicos: la democracia se escurre

referendoEl domingo 20 se realizaron referendos autonómicos en cinco departamentos, municipales en tres secciones, y de autonomías indígenas en Totora Marka y Charagua.

En todos estos casos se siguió un proceso detalladamente estipulado en la Ley Marco de Autonomías, que busca asegurar la mayor participación posible de la población, el apoyo de cuando menos dos tercios de las Asambleas o Concejos, y la compatibilidad del estatuto así producido con la Constitución, para lo cual interviene el Tribunal Constitucional.

Los resultados iniciales muestran un rechazo contundente a los estatutos autonómicos, aunque es muy posible que el resultado final de la votación sea más equilibrado, pues puede presumirse que en las áreas rurales el respaldo al MAS se haya expresado con el Sí a la consulta.

Aunque las autonomías fueron la bandera fundamental de la oposición en los años iniciales de la presidencia de Evo Morales, sobre todo en los departamentos que conformaban la denominada entonces Media Luna (Tarija, Santa Cruz, Beni y Pando), la lucha política le permitió al MAS apropiarse de esa bandera, integrándola a la Constitución  aprobada el 2009, y conducir un proceso controlado a través de la Ley Marco y los Estatutos.

Por lo tanto, éstos fueron producidos por el oficialismo, que utilizó todos los recursos a su alcance para excluir a la oposición del debate. Sus comisiones procesaron las sugerencias de la ciudadanía, escritas en cuadernos pero no debatidas. Sus asambleas impusieron por rodillo los estatutos. Su Tribunal Constitucional les dio el visto bueno.  Sus gobernaciones promovieron el voto por el Sí. Quedaron tan dueños del proceso que las organizaciones de oposición se rindieron antes de la campaña y no participaron activamente.

Por estas condiciones, el rechazo a los estatutos autonómicos es una gran derrota para el MAS. Pero los partidos de oposición no pueden reclamar la victoria, pues poco hicieron para influir en los resultados, salvo excepciones que, por supuesto, tendrán que tomar en cuenta quienes quisieran fortalecer alternativas.

La derrota del MAS pone en evidencia también la debilidad de su modelo de democracia.

En estos diez años y forzando la normativa, el MAS ha tratado de desarrollar una democracia que además de representativa sea participativa y comunitaria, buscando además romper los desequilibrios urbano rurales con una sobrerepresentación del mundo rural, campesino e indígena.

Los cuadernos de sugerencias, las asambleas y concentraciones son parte de esa democracia participativa, cuya cúspide son los referendos.  El mayor fracaso no está en los resultados que estos arrojan, sino en la actitud del electorado: va sin entusiasmo, desinformado y para cumplir con el trámite, pues sin certificado de sufragio quedaría convertido en medio ciudadano por algunos meses.  Esto ya sucedió en el referendo constituyente, cuando más del 80% de los votantes dijo no saber nada de la nueva Constitución, y sucedió ahora.  La participación tiene pues  mucho de simulación y falsedad.

La sobrerepresentación del mundo rural se expresa sobre todo en las Asambleas Departamentales, en cuya conformación el voto rural tiene mucho más peso que el urbano. Fue así que el MAS logró dos tercios incluso habiendo perdido la gobernación, para usarlos de rodillo e imponer sus criterios en los Estatutos.  Pero dejaron al margen a la mayoría urbana que es, justamente, la que se expresó con tanta fuerza en el referendo, rechazando lo que percibieron como una manipulación.

Justamente al comenzar el referendo el Defensor del Pueblo expresó su preocupación por el debilitamiento de la democracia, aludiendo sobre todo a la ausencia de campaña y debates que informaran al electorado, y que le permitieran expresarse con algo de convicción y compromiso. Tiene razón. Los resultados no solamente lo confirman sino que muestran que el problema es de extrema gravedad. El partido oficialista ha perdido mucho de la confianza de su electorado. La oposición crece como corriente pero no tiene quién la represente.  El voto obligatorio, los referendos y las votaciones mismas se han vuelto rituales carentes de contenido político. La democracia se nos está escurriendo.

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