Francisco de Toledo, pionero de las ciencias sociales

Francisco_de_Toledo_VirreyEste año se recuerdan los 500 del nacimiento de Francisco de Toledo, quinto Virrey del Perú y, por tanto, tan gobernante nuestro como Huayna Cápac. Una discusión casual sobre nombres de calles y plazas despertó nuevamente mi interés por este personaje de nuestra historia.

Hay en Cochabamba una plaza y una estatua localizadas en Villa Galindo que fueron dedicadas a Toledo. No hay otro virrey que hubiera merecido tal honor, y ese dato ya debería provocar curiosidad. Hasta hace poco yo sabía que la fundación de Cochabamba había sido ordenada por Toledo, y fue por eso que la llamaron inicialmente Villa de Oropesa, en honor a la casa familiar del virrey. Pero, podía ser ése un  motivo suficiente para dedicarle una plaza tan atractiva?

El historiador José Gordillo me comentó un día que todo el proyecto del MAS le parecía una actualización de la legislación de Toledo, sobre todo en lo que respecta a las propuestas de un gobierno y una justicia especiales para los indígenas. Lo que al historiador le parecía obvio planteaba, sin embargo, la notable paradoja de que la nueva Constitución promoviera una “descolonización colonial”. El mismo Gordillo argumentó que las identidades de indígena y de español habían sido también una creación toledana, con las cuales buscó ordenar una estructura social hasta entonces fragmentada en agrupaciones étnicas más pequeñas. Por varios años ahí quedó lo que sabía de aquél funcionario colonial.

La curiosidad, activada por la discusión reciente, me llevó a leer un amplio estudio de la vida y obra de Francisco de Toledo, publicado en 1935 por el diplomático argentino Roberto Levillier. Luego  conseguí un libro, también añejo, de Arthur Franklin Zimmermann (1938). Ahora me resulta sorprendente que haya muy poca literatura sobre un gobernante cuya gestión fue tan decisiva e influyente y, en el caso boliviano, tan contemporánea.

Toledo un estadista severo y sensible

Vinculado a la nobleza, Toledo sirvió en la corte de Carlos V y perteneció a los Caballeros de Alcántara, una orden religioso-militar que exigía de sus miembros votos de austeridad y castidad. La mayor aspiración de Toledo era presidir esta Orden,  pero Felipe II le negó tal premio a pesar de su intensa dedicación al virreinato.

Francisco de Toledo pasó cinco de sus doce años de gobierno (1569-1581) visitando las provincias. Permaneció casi dos años en la antigua capital incaica, Cuzco, y mantuvo prolongadas estadías en Potosí, Charcas y La Paz. Ningún otro virrey hizo algo parecido. Desde el día en que pisó suelo americano resolvió problemas ordenando la construcción de hospitales, escuelas y pueblos enteros, en los que reagrupó a la población, que se había dispersado luego del derrumbe del incario y la violencia de la conquista. Sabía que la urbanización mejoraba el acceso a los servicios, a los mercados y a la justicia y, por supuesto, también facilitaba el control estatal. Pocos tenían entonces esa perspectiva.

Su primera gran decisión fue realizar un censo completo en todo el virreinato, que por entonces se extendía desde Panamá hasta Chile. La “visita” ordenada por Toledo sigue siendo una fuente importante de los estudios coloniales.

Lo que más se destaca de la gestión de gobierno de Francisco de Toledo es su legislación, alejada de la retórica leguleya y cargada más bien de un sentido práctico. Un sentido similar al que le llevó a comprar la tecnología de uso de mercurio para extraer plata que difundió entre los mineros aumentando significativamente la producción del metal en Potosí y Huamanga. Redactó y puso en vigencia una amplia normativa sobre gobierno, minería, impuestos, evangelización, transporte y carreteras, y puso toda su energía en hacerla cumplir. Ello lo llevó a enfrentarse a las órdenes religiosas, a los encomenderos, a los burócratas del reino y a los caciques indígenas pues, aprovechando el desorden de la conquista, ellos habían levantado todo un sistema de privilegios basado en el abuso a los indígenas. Los que fueron despojados de sus privilegios realizaron una sistemática campaña de desprestigio que acabó por enturbiar la imagen de Toledo e impidió que se reconozca la magnitud de la obra realizada. Toledo murió a poco de retornar a España, en 1582, legando parte de su patrimonio al sostenimiento de los hospitales para nativos que había fundado en Cuzco, Lima y Potosí.

La protección y defensa de la población originaria fue una de las preocupaciones fundamentales de Toledo, que para ello estableció también normas e instituciones, incluyendo una suerte de “defensores del pueblo”. Entonces, como ahora, no faltaron quienes eludieron las normas para explotar a los más vulnerables y corromper funcionarios, dando continuidad a la leyenda negra de la conquista, como si ella se hubiera prolongado más allá de las décadas iniciales. Los estudiosos del tema han encontrado evidencias que demuestran que Toledo puso punto final a la etapa de conquista, y abrió un largo periodo de estabilidad, recuperando instituciones y “usos y costumbres” para adaptarlos a la estructura política de lo que él consideraba una parte nueva de España.

Su respeto por el mundo indígena fue también evidente en su exigencia de que la población sea educada y catequizada en su propia lengua, para lo cual creó también una cátedra en lenguas nativas en la Universidad de San Marcos de Lima.

Se lo ha acusado de crueldad por haber ejecutado a Tupac Amaru, que se rebeló en Vilcabamba, pero lo cierto es que aplicó el mismo criterio con otros rebeldes, como Diego de Mendoza, que se sublevó en Santa Cruz. Ambos habían respondido a su propuesta de paz asesinando al embajador que envió para negociar con ellos. En todos los casos buscó cumplir su obligación como gobernante, estableciendo el orden en base a juicios considerados entonces justos aunque tal vez demasiado severos.

Toledo y las ciencias sociales

Pero lo que más me llamó la atención fue la forma intensiva y sistemática con que utilizó las ciencias sociales durante su gestión gubernamental. La antropología y la sociología no habían sido todavía fundadas, ni tampoco existía la economía como disciplina profesional. Pero Toledo exigía estudios muy cuidadosos de todos los problemas que se le presentaban, y legislaba sobre la base de esos estudios. En muchos casos no vaciló en modificar sus disposiciones, cuando la investigación de sus efectos iniciales mostraba que no iba a lograr los objetivos deseados. Esta manera de vincular la investigación con la política le da un cierto carácter científico a su administración y fue probablemente una de las principales razones de su éxito.

Pero lo que es aún más sorprendente es el rigor metodológico que exigía en los estudios que ordenaba. Apenas instalado en Lima, Toledo puso en marcha un verdadero programa de investigaciones sociales como parte del censo o visita general que ordenó. Él mismo se involucró en la preparación de cuestionarios muy detallados y seleccionó con cuidado a personas bien formadas y de su confianza, como Polo de Ondegardo y Juan de Matienzo, enviándolos a entrevistar a los que el lenguaje antropológico llamaría ahora “informantes clave”: ancianos, antiguos gobernantes, personas influyentes por su posición religiosa, política o económica. En algunos casos las entrevistas eran individuales y en otros, colectivas, a la manera de grupos focales. Los informes que recibía fueron siempre sometidos a verificación cruzada, de manera que los testimonios y datos pudieran corregirse, complementarse o respaldarse. Con esos estudios Toledo buscaba conocer la sociedad que gobernaba, indagando sobre las tradiciones y la historia, las costumbres, el manejo de recursos, la distribución de la riqueza, las formas de gobierno, el cuidado de los ancianos y huérfanos, el manejo de conflictos, la seguridad y las normas de convivencia. Esto no era fácil debido a la inexistencia de la escritura en las sociedades prehispánicas de América y a las barreras de lenguaje, por lo cual Toledo insistía mucho en la comparación de testimonios y la intervención de más de un intérprete en esos procesos. No le bastaba la traducción, quería comprender.

Incluso cuando tenía una enorme confianza en los autores de los informes, exigía la verificación por contraste de opiniones. Así, por ejemplo, ordenó a Pedro Sarmiento de Gamboa, un verdadero investigador de las sociedades prehispánicas y asesor cercano, que escribiera una historia del incario. Cuando tuvo el borrador, lo hizo leer ante varios ancianos y curacas para que ellos, desde su memoria oral, corrigieran, desmintieran o respaldaran lo que escribió Sarmiento, y sólo cuando éste hubo revisado su texto lo envió a España para conocimiento del rey y su eventual publicación. Aunque hay otras crónicas e historias interesantes y muchas tienen una estética literaria más rica y agradable, como las de Garcilazo de la Vega, Huamán Poma de Ayala y Cieza de León,  la obra de Sarmiento es considerada como la más fidedigna y la menos teñida de prejuicios ideológicos o de afinidades míticas.

Aún no se habían creado las ciencias sociales tal como las conocemos hoy, pero, tomando en cuenta los informes de Toledo y los métodos desarrollados en su preparación, debería ser considerado un pionero de los métodos de investigación y análisis que hoy emplean la antropología y la sociología, además de serlo también en la aplicación del conocimiento a la gestión administrativa y política. Si la orden de fundar Cochabamba no fuera suficiente, lo reseñado acá justifica ampliamente que se haya dedicado una plaza y una estatua a recordar a ese visionario estadista que fue Francisco de Toledo. Es un homenaje que no compensa la ingratitud con que lo trataron sus contemporáneos, pero por eso mismo es una señal alentadora para otros que, siendo ignorados o desdeñados en su tiempo, pueden irse con la esperanza de que la historia reconocerá su legado y respetará su memoria.

 

One Response to “Francisco de Toledo, pionero de las ciencias sociales”

  1. Alberto Rivera Says:

    Toledo fue el quinto Virrey del Perú que residió en Lima entre 1569 a 1581 y durante sus 12 años de gobierno resaltó entre los 40 que existieron hasta 1821, el último quizá fue tu antepasado José de la Serna e Hinojosa (1821-1824). Como muchos historiadores, Sánchez Albornoz (1983) reconoce que dotó al Perú de un orden administrativo y espacial que no fue modificado sino un siglo después. Como dices, fue un académico pionero de las ciencias sociales, además de representante del Rey y aprovechó todas las opciones que tuvo viviendo en un palacio con servidumbre dispuesta para viajar por los repartimientos altoperuanos y sus escribanos, por suerte, detallaban sus visitas. La más importante fue la Visita General del Perú en 6 años (1570-1575) luego de la cual, modificó las tendencias espaciales de concentración de indígenas reduciendo la existencia de pueblos dispersos a unos pocos que permitían una vida más “urbana”.
    Su objetivo central fue proveer mano de obra a los centros mineros, para ello, su visión espacial del espacio andino fue concentrar pueblos y reducciones y administrativamente aseguró la mita minera para el cerro rico. Para esto, mandó elaborar libros de tasas con listas complejas que diferenciaban a los indios, de los originarios y forasteros. Este trabajo estadístico parecido a un censo contabilizó a 99.937 indios varones entre 18 y 50 años y 13.382 mitayos y 105 pueblos, con estas cifras ubica mejor a quienes exageradamente mostraron cifras de millones de indios en el imperio incaico. Toledo visitó 95 de éstos pueblos en 15 provincias que estudió.
    Impuso los términos “la séptima” y “la gruesa”, el primero con el cual dispuso que el 7.5% de los matriculados debía prestar servicios de mita minera y ese total anual de indios mitayos se llamó la gruesa, unos 12.600 trabajadores anuales. Aguiló (1983) dijo que este virrey revolucionó la producción minera con las técnicas de amalgama de mercurio o azogue, mandó construir un enorme sistema hidráulico y una casa de moneda que permitía el pago de salarios a los mit’ayuqkuna que trabajaban 4 meses cada año en las minas. Toledo en 1571 solicitó la presencia de 2 expertos Pedro Fernández de Velasco y Jerónimo Piña de Zúñiga, que lograron transferir la tecnología del usos del mercurio a los resistentes mineros de Potosí que permitió un aumento considerable de la producción (Noejovich H. 1998).
    Más que académico, fue también un impulsor de la industria, sus reformas espaciales y económicas en base a los censos y contabilización de los tributos son quizá más importantes que sus aportes metodológicos al conocimiento de las sociedades andinas del período. Comparto contigo el reconocimiento a este importante organizador del alto Perú.

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