1926: El primer paso de Bolivia en la Copa América

imageLa preparación

El 18 de agosto el directorio de la Federación Boliviana de Fútbol, presidido por José Soruco I., decidió aceptar la invitación de su par chilena para participar del Noveno Campeonato Sudamericano. Sabían que contaban con menos de dos meses para preparar una selección y disponían de pocos recursos, pero debían dar ese paso para integrarse el mundo futbolístico en ascenso por todo el mundo.  Designaron de inmediato un comité técnico que entregó su nómina de 17 jugadores el 31 de agosto. Lo integraban “footballers” de La Paz, Oruro, Sucre, Cochabamba y Uyuni, todos comprendidos entre los 17 y los 26 años, y fue designado director técnico Job de la Zerda, que integró el comité seleccionador junto a Ignacio López y Luis Valle.

Luego de varios problemas de logística, la selección se concentró desde el 13 de septiembre en Cochabamba por tener un clima más cercano al de Santiago de Chile.

Era el año 1926 y el Presidente Hernando Siles autorizó un aporte de 8 mil bolivianos para respaldar la presencia del fútbol boliviano en ese campeonato, que era ya el noveno que se realizaba a nivel continental.

El viaje

La delegación inició viaje el primero de octubre, presidida por el secretario de la Federación, Luis Castel Quiroga, cuyo informe es resumido en este texto. Al llegar a Oruro fueron agasajados y también en Chuquicamata, donde representantes de la federación anfitriona estuvo a recibirla. Llegaron hasta Antofagasta en tren y, luego de pernoctar en esa ciudad, se embarcaron en el vapor Santa Teresa con rumbo al puerto de Valparaíso. Fueron tres días de viaje y para muchos jugadores resultaron una verdadera pesadilla, ya que no estaban acostumbrados y la agitación del mar los indispuso. Llegaron el 7 de octubre y luego de un breve paseo tomaron expreso a Santiago donde, enfermos y agotados, fueron alojados en el Gran Hotel. Allá se encontraba ya la delegación argentina.

El informe de Quiroga destaca las manifestaciones de afecto con que fue recibida la delegación boliviana, tanto de parte de las autoridades del fútbol como de la prensa y el público chilenos. Pero relata también el desafío que debieron enfrentar los dirigentes pues la misma noche de su llegada se inauguraba el congreso de la Confederación y se había previsto el partido inaugural para el día siguiente, entre los anfitriones y los más nuevos integrantes, es decir, entre las selecciones de Chile y Bolivia. La desventaja para los bolivianos era muy grande pues acababan de llegar de un viaje largo y penoso, y los jugadores no estaban en condiciones es físicas de competir. Finalmente, luego de largos debates y presiones, se acordó postergar el inicio del campeonato por dos días.

Ese año Brasil se había retirado de la Confederación y su retorno ocupó gran parte de las preocupaciones del Congreso, que designó a Río de Janeiro como sede del Décimo Campeonato Sudamericano para el año siguiente. En ese Congreso se aceptó la afiliación definitiva de la Federación Boliviana, acordada provisionalmente en 1925.

El campeonato

El 12 de octubre comenzó el campeonato. Eran solamente cinco selecciones y la boliviana apenas había entrenado un par de veces, sin tiempo para aclimatarse. Aún así, a los tres minutos de iniciado el partido marcaron el primer gol del campeonato y, momentos después un segundo, que fue anulado por el árbitro. Todos los factores adversos se conjugaron entonces y la selección perdió por 7 a 1.

El público, sin embargo, alentó el coraje que demostraron los jugadores, celebrando sus jugadas y despidiéndolos con aplausos.

Cuatro días después jugaron con Argentina, ya entonces una de las selecciones más fuertes de Sudamérica. Perdieron 5-0 pero la derrota se produjo sobre todo en el segundo tiempo, ya que en el primero lograron equilibrar fuerzas. Algo similar sucedió en el tercer partido, jugado con el Paraguay. Los bolivianos metieron el primer gol y el árbitro les anuló otros dos. Pero la superioridad se desmoronó en el segundo tiempo por falta de preparación física, y los paraguayos, que habían perdido 8-0 con la Argentina, terminaron imponiéndose 6-1 a Bolivia.

El 28 de octubre Bolivia jugó su mejor partido. Más aclimatados y con la experiencia de los juegos anteriores, los bolivianos llegaron a dominar el campo según lo describió la propia prensa uruguaya, que además censuró el juego violentó y desleal de los suyos, y la parcialidad del árbitro que se negó a cobrar un penal a favor de Bolivia cuando finalizaba el primer tiempo con marcador igualado. En el segundo tiempo volvió a ponerse en evidencia la escasa preparación de nuestros jugadores pues los uruguayos se repusieron, mantuvieron un comportamiento agresivo hacia los adversarios y lograron marcar 6 goles.

Los uruguayos ganaron todos sus partidos y lograron el campeonato.

Los nuestros volvieron con 24 goles en contra y la experiencia de haber marcado dos.

La delegación emprendió viaje de retorno por tierra y mar el 30 de octubre, recibiendo muestras de afecto e invitaciones a jugar en prácticamente todas las ciudades. Antes de disolverse, la selección jugó un partido en Oruro contra una selección de jugadores locales, a la que se impusieron por 4-0 haciendo un “match de academia” según el informe de Quiroga.

Este concluye su trabajo destacando que a pesar de los resultados aparentemente desastrosos, y de las condiciones adversas que tuvieron que enfrentar en su preparación y en el viaje, los jugadores del combinado nacional dieron una representación digna que el público y la prensa de Chile apreciaron y valoraron.

Las lecciones

El folleto en el que Luis Castel Quiroga informa de la primera participación boliviana en la hoy denominada Copa América, presenta algunas consideraciones que explican los resultados alcanzados. La absoluta falta de práctica en eventos internacionales, el entrenamiento deficiente, los problemas de aclimatación, la escasa experiencia de los jugadores, todos jóvenes y aficionados, y el desconocimiento de las canchas de césped, por entonces casi inexistentes en el país. E insiste en la necesidad de intensificar la educación física y el atletismo como condiciones esenciales para el futbolista, recomendando además que se haga el esfuerzo necesario para cubrir con pasto las canchas de fútbol “a fin de que los jugadores que tengan que salir al exterior no sufran las sorpresas que sufrieron en el primer match con Chile”.

Para 1963, pasados 37 años de aquel accidentado viaje, el progreso fue evidente. Una selección largamente preparada, que recorrió todo el país en ese proceso, conquistando el apoyo de su público, logró el primer lugar en partidos jugados en las canchas de césped de La Paz y Cochabamba. Pero han pasado desde entonces más de 50 años y la hazaña no se ha repetido. Tal vez alguna de las recomendaciones de Castel Quiroga todavía tengan vigencia.

(Publicado en Número 1 de Los Tiempos, el Lunes 4 de Julio de 2016)

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