1982-2002: Política económica en democracia (Del 21060 a la capitalización)

Bolivia-5-millones-pesos-1985Una evaluación rápida de los 20 años transcurridos entre
1982 y 2002 obliga a concentrar la atención en dos hitos cruciales de la política económica: el ajuste antiinflacionario en los 80 y las reformas institucionales en los 90. Este artículo traza su conexión tomando en cuenta el contexto y las proyecciones de dichas políticas.

La estabilización

“Parar la inflación es la mejor manera de luchar contra la pobreza”, enfatizó el candidato parlamentario en el debate, con su extraño acento gringo. Poco después, Paz Estenssoro lo pondría a diseñar una política de shock para lograrlo, encomendándole su aplicación.

En ese año de 1985 la inflación galopaba rompiendo récords mundiales y las arcas fiscales estaban vacías. Las reservas internacionales eran negativas y el estado se encontraba imposibilitado de cubrir sus obligaciones.

“Nada de paquetes, les dijo Paz, todo tiene que estar escrito en un solo decreto”, y les cortó incluso las comunicaciones telefónicas. Ahí nació el decreto más famoso de la historia boliviana, el 21060.

Aunque Paz Estenssoro había logrado la presidencia desplazando a Bánzer, lo buscó para asegurar el necesario respaldo político a cambio de espacios claves de la gestión pública.

Como era previsible, los sindicatos convocaron a la protesta y el gobierno detuvo y confinó a los dirigentes. Había detectado que la población demandaba orden. Todo, sin embargo, estaba condicionado a lo que sucediera en la economía.

El 21060 eliminó el crédito público, de manera que las entidades estatales solamente gastaran lo que llegara efectivamente a sus cuentas, sin prestarse ¨con cargo a su presupuesto!¨. Con esto frenó los gastos fiscales y suprimió la necesidad de cubrir el déficit imprimiendo billetes. Al mismo tiempo, levantó todos los controles de precios y redujo los aranceles, con lo cual puso fin a las fuentes de especulación y eliminó las ventajas del ocultamiento. Los mercados volvieron a abastecerse casi de inmediato y los precios tendieron a nuevos equilibrios. Se liberó también el mercado de divisas, eliminando la existencia de varios tipos de cambio que habían alentado el enriquecimiento basado en favores políticos- “No hay nada más inequitativo que el mercado negro”. Ante la dificultad de obtener resultados rápidos con un sistema impositivo que era obsoleto e ineficaz, se recurrió a los hidrocarburos como fuente principal de ingresos fiscales. En los hechos, esto era como una suerte de impuesto progresivo, pues afectaba más a quienes más gasolina consumían. A nivel internacional se prometió cubrir todas las deudas pero en realidad se postergaron pagos renegociando intereses y multas por incumplimiento.

El 21060 fue, sobre todo, un gesto político mediante el cual el Estado reconoció su impotencia para controlar las fuerzas del mercado, limitando su intervención a la provisión de servicios públicos.

Los resultados fueron inmediatos cuando se dejó actuar libremente a los productores, comerciantes y compradores. Desaparecieron las colas formadas en estaciones de servicio y almacenes, y éstos empezaron a llenarse de productos. Los precios fueron estabilizándose de a poco, reduciendo la inflación a ritmos casi predecibles. El dólar se estabilizó, circulando libremente, como una segunda moneda que daba confianza a la gente.

Cuando a las pocas semanas los dirigentes comenzaron a volver del confinamiento, se encontraron con una situación nueva.

Mientras los productores y consumidores ajustaban sus comportamientos a esta nueva realidad sobrevino un inesperado golpe: los precios del estaño se desplomaron, aumentando las pérdidas que ya tenían las minas, y muy especialmente las de COMIBOL, que operaba con exceso de personal en yacimientos empobrecidos por años de explotación y poca inversión. Esto aumentó los costos sociales y económicos del ajuste, pero no se podía cambiar el rumbo,

El gobierno logró además establecer tres mecanismos importantes. El Fondo Social de Emergencia, el bolsín, y la reforma tributaria.

El Fondo Social de Emergencia canalizó recursos de la cooperación extranjera hacia programas de infraestructura pública que crearan oportunidades de empleo y mejoraran las condiciones de vida mediante proyectos de ejecución rápida y con participación de gobiernos locales y organismos no gubernamentales. El bolsín dio visibilidad al precio de las divisas dando una señal de estabilidad y de competencia abierta al mismo tiempo. Y la reforma impositiva simplificó el sistema, eliminando una gran cantidad de impuestos, muchas veces con destino determinado pero de bajo rendimiento por la evasión, y creando  el Impuesto al Valor Agregado, de fácil administración y alto rendimiento.

Las reformas

El proceso no estuvo exento de protestas pero el electorado se expresó al terminar el período, querían que continuara y dieron la mayoría a Sánchez de Lozada, principal responsable del ajuste. Pero Bánzer optó por apoyar al tercero, asumiendo la presidencia Paz Zamora. Aunque su campaña prometió “relocalizar al 21060”, en los hechos le dio continuidad y trató de completar las tareas que faltaban, como las relativas a la eliminación de empresas públicas deficitarias.

En 1993 Sánchez de Lozada volvió a ganar las elecciones en alianza con una fracción del katarismo liderizada por Victor Hugo Cárdenas, y estableció un acuerdo que incluyó al Movimiento Bolivia Libre, el ala más radical del MIR.

Su propuesta electoral ya anticipaba sus prioridades y se concentró en ellas. Reformó el Estado en tres frentes: ampliando la jurisdicción y las responsabilidades de los municipios y transfiriéndoles una importante proporción de los ingresos fiscales; creando superintendencias que regularan la economía protegiendo a los consumidores y dando seguridad jurídica a los inversionistas; y completó la reforma del sistema de justicia. En segundo lugar impulsó la reforma de la educación, que venía siendo estudiada y diseñada desde muchos años antes. En el campo económico su acción más importante fue la reforma económica más compleja y menos comprendida: la capitalización.

Como su nombre lo indicaba, consistía en ampliar las empresas públicas con la incorporación de nuevos capitales, que incorporaran nuevas tecnologías y métodos de gestión, dinamizando la economía. Esta reforma estuvo vinculada a la creación de un nuevo sistema de pensiones. Las acciones estatales en las empresas fueron socializadas al ser transferidas a todos los bolivianos a través de un Fondo de Capitalización Colectiva que pagaría la pensión básica a los mayores de 65 años, el Bonosol. La administración de esas acciones fue encomendada a los Fondos de Pensiones, que crearon cuentas individuales de ahorro a largo plazo para otorgar jubilaciones de acuerdo al esfuerzo de cada uno y al rendimiento que generaran sus ahorros en el tiempo. Fue una privatización sin venta y una socialización sin mediación estatal, que por ello resultó difícil de comprender bajo los parámetros ideológicos habituales.

En apenas cuatro años, sin mayoría electoral ni parlamentaria y con una economía pequeña y vulnerable, acosada por déficits, Sánchez de Lozada había vuelto a marcar el rumbo de la economía y esta vez con efectos que resultaron duraderos.

El resultado principal de la capitalización fue convertir a la economía boliviana en una potencia gasífera como lo ha sido desde el 2004, que además permitió que el Bonosol se ampliara como Renta Dignidad a los mayores de 60 años. Los municipios siguen fortaleciéndose y son responsables de una parte sustancial de la inversión pública y la infraestructura. El sistema de superintendencias y el de justicia han sido debilitados, y aunque pende sobre las pensiones la amenaza de su control estatal, los ciudadanos tienen en ellas ahorros por más de 12 mil millones de dólares. La mayor pérdida del sistema de pensiones fue la expropiación de las acciones del Fondo de Capitalización Colectiva en YPFB, que pasaron a manos del Estado con la nacionalización del 2005, aunque a cambio de financiar la Renta Dignidad con recursos fiscales.

La crisis de los años 1980 obligó al país a mirar más allá de las minas y el petróleo para explorar opciones no rentistas de crecimiento económico. Pero el éxito de las inversiones generadas en los años 1990 nos llevó de vuelta al extractivismo, y caímos nuevamente en la trampa del rentismo, deslumbrados por el flujo generoso de dinero que llegó de las exportaciones de gas y minerales. Cuando éstas vuelvan a agotarse sabremos recién si aprendimos algo en este medio siglo.

 

 

 

 

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s


%d bloggers like this: