Se llamaba Eva

caso niña desnutridaTenía apenas 12 años, se llamaba Eva y está muerta. Murió de hambre en un pequeño cuarto de la ciudad de El Alto. Tenía epilepsia y nunca fue tratada, se supo después. La encontraron por casualidad y cerca de ella sus padres y hermanos languidecían, esperando que el mayor, un muchacho de 19 años que trabaja en lo que puede, llevara algo de comer a la casa. Al parecer, los padres también padecían problemas mentales y estaban incapacitados para trabajar. Todos tenían desnutrición y varias complicaciones de salud, posiblemente debidas a la mala alimentación y la falta de agua.
La noticia es conmovedora y brutal porque sucedió este mes, en la misma ciudad que ve llegar y despegar, a veces varias veces al día, el avión que lleva al Presidente a reuniones, inauguraciones y partidos de futbol.
Eva está muerta. Ya no sufrirá las convulsiones que aterrorizaban a sus hermanos y no sentirá más hambre. Descansa en paz.
Nosotros no. Es imposible descansar sabiendo que Eva nació cuando empezaba en Bolivia el boom económico más grande e importante de su historia, y las ilusiones de la gente, tal vez las de sus padres también, se centraron en el impacto que tendría esa bonanza en sus vidas. Se hablaba del gas en trillones de pies cúbicos y de exportaciones en miles de millones, y de una promesa: recuperar esos recursos para que sirvan a todos.
Pero a Eva no le llegaron y ella se fue. A sus padres y a sus hermanos tampoco, y casi acompañan a Eva en su viaje sin retorno.
¿Dónde está la plata? La bonanza multiplicó por seis el flujo de exportaciones, pero la mayor parte del dinero se fue igual de rápido, en importaciones de todo tipo de bienes. Algunos necesarios, otros de lujo, y varios desplazando a los productores nacionales. Otra parte importante de ese dinero fue al Estado, que multiplicó sus gastos cuatro veces, pavimentando carreteras, tapizando canchas de fútbol, construyendo fábricas que algún día funcionarán, y pagando frondosos cortejos de funcionarios y dirigentes a cuanto evento pudiera llevarse el mensaje de la revolución democrática y cultural. También llegó el dinero a las gobernaciones, a los municipios y a las universidades, financiando además plazas y jardines, mochilas escolares, parqueos y aulas para los estudiantes.
Todo esto se hizo bajo el estímulo de una política de desarrollo que apostaba a potenciar el rol del Estado como dinamizador de la economía y como distribuidor de los excedentes, fomentando diversos mecanismos de inclusión y participación. Muchos hablarán de su éxito, mencionarán los bonos y pedirá tiempo para que maduren las inversiones. Pero eso no traerá de vuelta a Eva y sus padres tendrán que esperar unos 15 o más años para recibir la Renta Dignidad.
¿Pudo hacerse algo diferente? Por supuesto. Bastaba con darle a la familia de Eva lo que le tocaba de las rentas petroleras. Entre el 2006 y el 2015 se calculó que se había recaudado, por rentas petroleras, unos 31.500 millones de dólares, lo que significa que por cada boliviano se dispuso de 3150 dólares. Esto quiere decir que a la familia de Eva le hubieran tocado 25200 dólares, porque son en total (eran) 8 personas. Es cierto que no hubieran tenido todo ese dinero junto, pero si se les daba lo que les correspondía cada año, tal vez hubieran logrado montar un pequeño negocio, o por lo menos comer una vez todos los días, lo que les pudo haber dado la energía para llegar a la escuela o buscarse la vida. Y hasta, quién sabe, acudir en busca de ayuda.
Ya es tarde para Eva, pero no es la única. Y familias como la suya deben ser muchas más. La bonanza también se está yendo, pero Bolivia sigue siendo un territorio inmenso, con recursos naturales que ni siquiera conocemos pero que ya la Constitución afirma que pertenecen a todos los bolivianos. Si logramos que eso pase del discurso a los hechos, tal vez Eva no haya muerto en vano, y cada boliviano pueda contar con lo que es suyo.

La noticia:

http://www.urgentebo.com/noticia/el-alto-una-ni%C3%B1a-muere-en-una-familia-de-8-miembros-que-carec%C3%ADan-de-comida

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